Análisis de la campaña de Call of Duty: Advanced Warfare

La misión que Sledgehammer comenzó hace tres años no era nada fácil y es que aunque encargarse de una entrega de una de las franquicias más exitosas de todos los tiempos pueda parecer una propuesta muy apetecible, el ser los elegidos para limpiar el desastre que otros habían dejado no era un plato de buen gusto.

En este texto nos vamos a centrar en el modo Campaña del título (para poder analizar en profundidad el multijugador unos días después) y en la historia que el estudio ha creado y para la que ha contado con la actuación del omnipresente y gran actor Troy Baker y de Kevin Spacey, uno de los mejores actores que ha dado Hollywood.

Descubrí el otro día, documentándome sobre la breve historia de Sledgehammer Games, que Glenn Schofield y Michael Condrey, sus fundadores y directores de Call of Duty: Advanced Warfare, se conocieron en Visceral Games mientras trabajaban en Dead Space, el que es todo un ejemplo de cómo narrar una historia y, en cierto modo, revivir y estimular un género de capa caída.

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El objetivo de Advanced Warfare es semejante ya que les ha tocado llegar en un año en el que la marca se ha visto muy dañada debido al despropósito que resultó ser Call of Duty: Ghosts. La premisa elegida, dar un salto temporal de 50 años y contarnos cómo será la guerra en el futuro cercano con el personaje de Jonathan Irons como antagonista principal, es bastante llamativa. Que la historia se cuente en primer persona y desde la perspectiva de un mismo personaje, Mitchell, van en pos de una mayor empatía, dejando atrás historias narradas de dos o tres perspectivas como otros títulos de la franquicia.

Cuando uno se pone a los mandos y da sus primeros pasos en la campaña se encuentra con los mimbres clásicos de la franquicia y que pese a una notable mejora técnica y la inclusión de nuevas mecánicas de movimiento siguen ahí. Hablo de esos entornos excesivamente lineales y pasilleros en exceso que, además de limitar la exploración o la libertad de acción, el ritmo decae debido a la constante necesidad de esperar a que la IA aliada, sin cambios o mejoras aparentes, avance para abrir puertas, comprobar aparatos electrónicos y, en definitiva, permitirnos seguir avanzando.

Fuera de este tipo de estructura encontramos un par de misiones a lo largo de la campaña que nos dejan algo más de manga ancha a la hora de actuar y cumplir nuestro objetivo y son, sin duda, las que más se disfrutan pese a no ser las más espectaculares en cuanto a ubicación o planteamiento. Que, por cierto, de eso va sobrado el juego y gracias a los viajes a la Antártida, San Francisco, Nueva Bagdad o Grecia, la campaña se torna muy variada en cuanto a ambientación y se agradece.

Cierto es, también, que viniendo de auténticos espectáculos pirotécnicos a lo largo y ancho del globo como fue Modern Warfare 3, esta campaña quizá se antoje algo corta en espectáculo a gran escala en pos de un argumento algo más realista en el que Jonathan Irons es el eje principal. Sin desvelar ningún componente argumental sí diré que he apreciado el hecho de que se deje atrás esa figura de enemigo estereotipado y sea un personaje con matices y motivaciones relativamente comprensibles hasta bien avanzada la trama, dejar de lado ese tapiz de malo malísimo es un paso adelante.

Es quizá en el progreso, en cómo cambia la percepción de la historia y las motivaciones de los personajes, en lo que la campaña de Call of Duty: Advanced Warfare más flaquea. Después de unos primeros niveles que introducen novedades a nivel narrativo y jugable que saben sorprender al jugador, se termina cayendo en tramas, misiones y objetivos demasiado tópicos y poco rompedores. Un buen añadido que nos motiva a progresar, por cierto, es el hecho de poder mejorar nuestro personaje ganando puntos consiguiendo muertes, tiros a la cabeza, bajas con granada y coleccionables; así podremos mejorar desde la salud de nuestro personaje hasta la velocidad de recarga pasando por la capacidad de granadas disponibles.

Durante alrededor de seis horas disfrutaréis de un espectáculo pirotécnico de primer nivel recorriendo distintas partes del globo atendiendo a una historia algo más elaborada de lo normal y que, pese al terrible doblaje (el de una de las soldados del cuerpo Atlas es de los peores que recuerdo), cuenta con grandes interpretaciones y cinemáticas de un altísimo nivel. Podríamos decir que el envoltorio es más brillante y atrayente que nunca y que el primer bocado tiene sabor a novedad y frescura, después de todo, el sabor del bombón sigue siendo demasiado parecido al de años anteriores.

NOTA MVJ: 7

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