Análisis de Ryse: Son of Rome

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El desarrollo de este Ryse ha pasado por diversas etapas, es más, incluso por dos consolas y con conceptos muy diferentes. Inicialmente, se trataba de un proyecto destinado a Xbox 360 con el que se pretendía demostrar que Kinect podía dar cabida a algo más que juegos de bajo perfil o aplicaciones familiares. Sin embargo, Crytek y Microsoft tuvieron el acierto de congelar el programa.

Y es que ahora, Ryse: Son of Rome, llega formando parte del line up de estreno de Xbox One, reconvertido en un beat’em up crudo y que resulta toda una sorpresa en el apartado gráfico, siendo, sin duda, el juego más vistoso de los exclusivos con los que ha llegado la nueva consola de Microsoft.

Argumentalmente, Ryse nos introduce en la piel de un soldado romano, Marius Titus, quien ha jurado defender al Imperio ante la amenaza bárbara. Pero no será fácil: rencillas personales y la debacle del propio Imperio, podrido por una ponzoñosa corrupción, serán los ingredientes que terminarán de sazonar una historia que desde luego no os hará vibrar de emoción y que sirve como excusa para las andanzas de Titus entre Roma y Britania -y para aquellos ilustrados en la Historia, poneros en sobre aviso de que no estamos ante hechos correctamente documentados-.

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En cuanto a la mecánica del juego, se trata de un simplón y convencional beat’em up en el que tendremos que recorrer escenarios excesivamente lineales y con casi nula componente de exploración, mientas nos abrimos paso entre las oleadas de bárbaros que salen a nuestro encuentro, con clásicas escenas que podemos esperar en una ambientación en esta época concreta: no faltarán los asedios o las clásicas formaciones en tortuga.

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Los controles son bastante sencillos. En la parte ofensiva contamos con un botón para atacar con el arma equipada, mientas que otro nos permitirá romper la guardia de los enemigos. Por desgracia, los combos predefinidos son escasos y la mayor parte del tiempo nos limitaremos a machacar el botón de ataque intercalando el de romper guardia cuando lo necesitemos. En la parte defensiva tenemos dos posibilidades: usar el escudo o esquivar, siendo esto último lo más recomendable, ya que se salvan buenas distancias y la IA del enemigo resulta demasiado predecible.

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Uno de los puntos que más se criticaron del juego en las previews del mismo en eventos donde se podía jugar, era el abuso de los QTE. Estos se podrán realizar cuando los enemigos se encuentren debilitados: en ese instante, al activar el QTE debemos seguir los comandos mostrados en pantalla, pero ojo, no importa si acertamos o erramos, pues la ejecución se realiza siempre, con la salvedad de obtener menor o mayor puntuación. En las primeras ocasiones, será un gozo recrearnos con la brutalidad de las escenas, pero cuando ya llevamos unas cuantas horas viendo exactamente lo mismo y soportando hordas de enemigos -que además son poco variados-, los QTE acaban haciéndose tediosos.

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Técnicamente, sin dudas de ningún tipo, este Ryse: Son of Rome es el programa que mejor luce en Xbox One en su debut mundial. Tenemos escenarios muy bien recreados, numerosos personajes en pantalla, los efectos de luz y de partículas sorprenden, las animaciones faciales resultan convincentes y las batallas tienen una dimensión bastante lograda. No obstante, hay que tener en cuenta que alguna textura puede desentonar con el resto, algún bug típico de cuerpos flotando o que el juego corre a 900p, manteniendo unos 30 fps estables en la mayor parte del tiempo. También he echado en falta detalles como daños y manchas de sangre en la armadura.

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Uno de los puntos oscuros del programa es su escasa duración en el modo campaña, de unas cinco horas para completar los 8 episodios de los que se compone. Y es una faena, porque el modo multijugador realmente no consigue enganchar debido a su simpleza y falta de alicientes para echarle más que las partidas justas para darnos cuenta de que el potencial del juego reside realmente en un modo campaña que, por desgracia y como decía, se hace corto.

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El tópico de foros que afirma que Crytek es sobresaliente en el plano técnico pero que no sabe lidiar con mecánicas de gamplay sólidas, se personifica en este Ryse: Son of Rome. Argumentalmente no posee momentos de verdadero clímax, el gameplay resulta bastante simple y repetitivo, cinco horas de campaña son pocas y le modo multijugador tiene una presencia casi anecdótica. La otra cara de la moneda es un apartado gráfico que realmente marca un salto generacional en consolas y es una muestra inicial de lo que deberían dar de sí en el futuro las nuevas máquinas.

Una producción de este calibre debería haber tenido más cuidado su gameplay. Al igual que con el resto de juegos de Xbox One que he tenido la ocasión de analizar, tengo la sensación de que se trata de programas que han necesitado más tiempo para terminar de pulirse. Sin irme más por las ramas, únicamente puedo recomendar Ryse: Son of Rome a aquellos que sean capaces de pasar por alto sus escasas posibilidades jugables y su escueta duración, y al resto de gamers, advertirles de que no se han conjugado correctamente jugabilidad, duración y gráficos.

NOTA FINAL MVJ 5.5

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