
La histórica disputa entre Apple y Epic Games por las comisiones de la App Store vuelve a situarse en el foco internacional con un nuevo movimiento: Apple ha decidido elevar el conflicto a la Corte Suprema de Estados Unidos para intentar redefinir qué puede cobrar cuando los desarrolladores usan sistemas de pago externos.
Este pulso judicial, que arrancó en 2020 y ha pasado ya por varias instancias, no es solo una pelea entre dos gigantes tecnológicos: pone en cuestión el modelo económico de las grandes plataformas digitales y puede terminar afectando al bolsillo y a la estrategia de miles de desarrolladores en todo el mundo, incluida la Unión Europea, donde la presión regulatoria sobre Apple ya es especialmente intensa.
Cómo empezó la guerra: Fortnite se saltó las reglas
El origen del conflicto se remonta a 2020, cuando Epic Games decidió integrar un sistema de pago propio en Fortnite para que los usuarios pudieran comprar contenido dentro del juego sin pasar por el sistema de pagos de Apple y sin abonar la comisión estándar del 30% de la App Store.
La reacción de Apple fue fulminante: retiró Fortnite de la tienda de iOS y la creadora del juego respondió con una demanda por prácticas anticompetitivas y abuso de dominio sobre su ecosistema. A partir de ahí, el caso se convirtió en uno de los litigios tecnológicos más seguidos de los últimos años.
En 2021, un tribunal de California dictaminó que Apple no era un monopolio en el sentido estricto del derecho antimonopolio estadounidense, lo que se interpretó como una victoria importante para la compañía. Sin embargo, ese mismo fallo obligó a Apple a permitir que los desarrolladores incluyeran enlaces y avisos hacia métodos de pago externos, fuera del sistema integrado de la App Store.
La compañía apeló esa parte de la sentencia hasta el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito y, más tarde, hasta la propia Corte Suprema. Pero el alto tribunal estadounidense rechazó revisar el caso en 2024, dejando en pie la obligación de permitir esos enlaces a pagos alternativos.
La comisión del 27%: cumplir la orden pero manteniendo el negocio
Una vez obligada a abrir la puerta a los pagos externos, Apple se movió para proteger su fuente de ingresos. La empresa implementó un sistema que permitía a los desarrolladores redirigir a los usuarios a métodos de pago de terceros, pero a cambio fijó una comisión del 27% sobre las compras realizadas a través de esos enlaces.
En la práctica, esto significaba que los desarrolladores debían asumir su propio coste de procesamiento de pagos (habitualmente en torno al 2% o 3%) y, además, la comisión de Apple, lo que dejaba el ahorro frente al 30% tradicional prácticamente en nada. Para muchos, usar pagos alternativos se volvía económicamente poco atractivo frente a seguir con el sistema nativo de la App Store.
Epic Games denunció que este movimiento iba en contra de la orden judicial, porque vacía de contenido el derecho a usar pagos externos. Según la compañía, Apple estaba cumpliendo la letra del fallo —permitir los enlaces—, pero torpedeando su espíritu al fijar una tarifa casi equivalente a la original.
Los tribunales empezaron a darle la razón. En 2025, el Tribunal del Distrito Norte de California declaró a Apple en desacato civil por el diseño de esta comisión del 27%. Más tarde, en diciembre de ese mismo año, el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito confirmó que esa tarifa tenía un “efecto prohibitivo” y, por tanto, violaba la orden que buscaba fomentar opciones de pago alternativas reales.
El Noveno Circuito no fijó una cifra concreta, pero sí dejó claro que Apple solo puede repercutir costes que sean “genuina y razonablemente necesarios” para coordinar esos enlaces externos, y nada más. Es decir, reconoció que Apple tiene derecho a cierto grado de compensación por el uso de su propiedad intelectual y su infraestructura, pero no a seguir cobrando como si nada hubiera cambiado.
Apple contraataca: nuevo salto a la Corte Suprema
Tras confirmar el desacato, Apple trató de conseguir una nueva revisión del caso dentro del Noveno Circuito, pero su petición fue rechazada en marzo de 2026. Sin margen en esa instancia, la compañía ha optado por una estrategia de máximo nivel: pedir de nuevo la intervención de la Corte Suprema de Estados Unidos.
La tecnológica ha presentado un nuevo documento ante los tribunales en el que avanza que solicitará al Supremo revisar el alcance de los límites que se le pueden imponer a la hora de cobrar comisiones por compras realizadas mediante sistemas de pago de terceros vinculados a las apps de iOS.
En ese escrito, Apple también pide suspender la ejecución del fallo del Tribunal de Apelaciones, al menos hasta que quede claro si la Corte Suprema acepta o no estudiar el caso. Su preocupación principal es que un tribunal de instancia inferior establezca una comisión específica —posiblemente mucho más baja— y que, más adelante, una eventual decisión de la Corte Suprema obligue a dar marcha atrás y rehacer el sistema de tarifas.
Por eso, Apple defiende que se mantenga el esquema transitorio actual —en el que pueden incluirse enlaces sin una nueva estructura general de comisiones— mientras se resuelve la petición ante el alto tribunal. La empresa insiste en que no quiere verse forzada a introducir cambios profundos en su modelo de negocio para, poco después, tener que revertirlos.
Además, Apple sostiene que no debería haber sido declarada en desacato porque la orden judicial que le obligaba a permitir enlaces externos no mencionaba de forma explícita las comisiones. También considera que esa orden no debería aplicarse a todo el ecosistema de desarrolladores de la App Store, sino únicamente a aquellos directamente implicados en el litigio con Epic.
La postura de Epic Games: acusaciones de tácticas dilatorias
Epic Games ha respondido con dureza a este nuevo movimiento. La portavoz de la compañía, Natalie Munoz (o Muñoz), ha calificado la petición de Apple de suspender la ejecución de la sentencia como “otra táctica dilatoria” para retrasar la imposición de límites claros y permanentes a su capacidad de cobrar comisiones por pagos de terceros.
Epic recuerda que, hasta ahora, las distintas instancias judiciales han ido apoyando su tesis de que la comisión del 27% hace inviable el remedio pensado por los tribunales. Desde su punto de vista, Apple sigue intentando preservar su control económico sobre las transacciones que se originan en su plataforma, incluso cuando el pago se procesa fuera de su sistema.
La compañía creadora de Fortnite también asegura que está en contacto con numerosos desarrolladores que se han planteado aprovechar los pagos externos, pero se han topado con la incertidumbre regulatoria y con el peso de las condiciones de Apple. Según Epic, solo algunos actores de gran tamaño como Spotify, Kindle o Patreon han dado pasos decididos para utilizar estas alternativas y enfrentarse directamente a la firma de Cupertino.
En sus declaraciones públicas, Epic enmarca el caso como un ejemplo de cómo una empresa que controla una plataforma esencial puede, si no se le marcan límites, capturar una parte desproporcionada del valor que generan aplicaciones de terceros. Y advierte de que el resultado del proceso en la Corte Suprema servirá como referencia para otras disputas similares en el mundo.
Qué puede decidir ahora la Corte Suprema de Estados Unidos
La gran incógnita es si la Corte Suprema aceptará o no estudiar este nuevo tramo del caso. El tribunal ya rechazó una apelación anterior de Apple vinculada al mismo litigio, algo que reduce las expectativas de la compañía, aunque ahora el foco está en el desacato y en la definición de las comisiones sobre pagos externos, una cuestión algo distinta.
Si el Supremo decide admitir el caso, tendrá que pronunciarse sobre un asunto sin precedentes claros: qué comisión puede cobrar legítimamente una plataforma por transacciones que, técnicamente, ocurren fuera de su sistema de pagos, pero que están asociadas a apps distribuidas a través de él.
Apple argumenta que su comisión del 27% no es un simple recargo sobre el procesamiento del pago, sino una forma de remunerar el conjunto de servicios que ofrece: alojamiento, distribución, visibilidad en la App Store, herramientas de desarrollo y mantenimiento del ecosistema. A su juicio, incluso cuando el pago se ejecuta en una web externa, la plataforma sigue aportando valor al desarrollador.
Los tribunales inferiores, sin embargo, han marcado una línea: se puede aceptar que Apple recupere gastos razonables asociados a la gestión de esos enlaces, pero no que use esta vía para mantener prácticamente intacto su margen de intermediación. De ahí que la cifra del 27% haya sido duramente cuestionada.
Mientras tanto, el caso ha regresado a un tribunal de instancia para que se determine qué porcentaje —si es que alguno— puede seguir cobrando Apple por las compras externas. Ese cálculo podría adelantar el terreno de juego antes de que la Corte Suprema se pronuncie, o incluso aunque decida no hacerlo.
Impacto en desarrolladores, startups y el ecosistema de apps
Más allá de la batalla corporativa, lo que se decida en este caso tendrá repercusiones directas para cualquier estudio, startup o desarrollador independiente que distribuya sus aplicaciones a través de la App Store, incluidos muchos proyectos europeos que dependen del mercado global de iOS.
Por un lado, está en juego el margen económico de las apps, especialmente de aquellas basadas en suscripciones o compras recurrentes dentro de la aplicación. Una reducción significativa de las comisiones —ya sea en pagos internos o externos— puede suponer la diferencia entre un modelo de negocio viable o uno que apenas cubre costes.
Por otro, se reabre el debate sobre el nivel de dependencia de las grandes plataformas. Si la justicia y la regulación favorecen los pagos externos en condiciones ventajosas, más empresas podrían apostar por relaciones directas con sus usuarios, reduciendo el papel de Apple como intermediario obligado.
En este contexto entran también los nuevos canales de interacción digital, como los chatbots y asistentes de inteligencia artificial, que ya permiten realizar compras dentro de conversaciones y flujos que no siempre pasan por las tiendas tradicionales. El litigio entre Apple y Epic puede acabar determinando quién puede cobrar y cuánto en estos escenarios híbridos.
Para los fundadores de startups tecnológicas y para los equipos de producto, seguir este caso no es una cuestión académica: implica entender cómo pueden evolucionar los costes de adquisición y de monetización en iOS, y qué margen real existe para negociar o para diseñar estrategias que minimicen la dependencia de una sola plataforma.
El contexto europeo: DMA y presión regulatoria sobre Apple
Mientras en Estados Unidos se dirime el pulso judicial con Epic, en Europa Apple se enfrenta a un frente paralelo: la Ley de Mercados Digitales (DMA), en vigor desde 2024, que considera a la compañía un “guardián de acceso” (gatekeeper) y le obliga a abrir más su ecosistema.
Entre otras cosas, la DMA exige que Apple permita tiendas de aplicaciones de terceros y sistemas de pago alternativos en la Unión Europea, lo que ya ha forzado cambios específicos para usuarios y desarrolladores europeos, al margen de lo que resuelva la justicia estadounidense.
En la práctica, esto significa que en Europa el debate no es tanto si deben existir opciones externas de pago, sino en qué condiciones económicas pueden operar, qué comisiones son aceptables y cómo se evita que las nuevas reglas queden desvirtuadas por tarifas o requisitos técnicos que, en la práctica, mantengan las barreras.
Las autoridades comunitarias y los reguladores nacionales, incluidos los de España, observan con atención el desarrollo del caso Apple vs Epic en Estados Unidos, porque el razonamiento de los tribunales norteamericanos sobre comisiones “razonables” y uso de la propiedad intelectual de la plataforma puede influir en futuras interpretaciones del DMA.
Para los desarrolladores que trabajan desde España o desde cualquier otro país de la UE, el escenario que se está dibujando es complejo: por un lado, se abre la puerta a una mayor libertad para elegir canales de distribución y de pago; por otro, sigue habiendo incertidumbre sobre la estructura final de costes y sobre la estabilidad de las normas, que pueden cambiar en función de cómo avancen los litigios y las investigaciones.
Google se mueve y marca un posible listón para el mercado
El conflicto entre Apple y Epic no sucede en aislamiento. En paralelo, Google ha afrontado su propio choque con Epic por las condiciones de la Play Store y ha optado por una respuesta muy distinta: un acuerdo que reduce las comisiones a alrededor del 20% y abre la puerta a formas de pago alternativas y a tiendas de aplicaciones de terceros.
Ese pacto no resuelve el caso de Apple, pero envía una señal clara al mercado: las comisiones históricas del 30% empiezan a verse como difíciles de sostener bajo el escrutinio judicial y regulatorio actual. Y coloca a Apple en una posición incómoda si decide mantener un modelo más agresivo en términos de tarifas.
Para muchos analistas, el movimiento de Google actúa como una suerte de referencia de facto para lo que podría considerarse una comisión más razonable en el ecosistema móvil. Si los tribunales obligan a Apple a reducir sus porcentajes o a limitar drásticamente lo que puede cargar sobre pagos externos, la empresa podría verse empujada a alinearse, en mayor o menor medida, con ese nuevo estándar.
También para los reguladores europeos el precedente de Google resulta llamativo, porque refuerza la idea de que hay margen para bajar las comisiones sin que el sistema colapse. Esa constatación puede alimentar futuras investigaciones o ajustes normativos, especialmente si se considera que un actor del tamaño de Google ha aceptado revisar su política.
En definitiva, mientras Apple intenta ganar tiempo e influencia en la Corte Suprema, el resto del mercado se va moviendo hacia modelos de reparto de ingresos más flexibles, algo que los desarrolladores llevan años reclamando y que ahora empieza a plasmarse en acuerdos concretos.
El nuevo salto de Apple a la Corte Suprema vuelve a colocar su disputa con Epic Games en el escaparate global y evidencia que la compañía está dispuesta a apurar hasta el último recurso para defender el modelo económico de su App Store. Lo que se decida en los próximos meses —ya sea en los tribunales estadounidenses o bajo el paraguas regulatorio europeo— terminará definiendo cuánto puede cobrar un gigante como Apple por facilitar el acceso a su ecosistema, qué margen real tendrán los desarrolladores para recurrir a pagos externos y cómo se reparte el valor generado por las aplicaciones que hoy sostienen buena parte de la economía digital.

