El dinero se ha vuelto cada vez más digital y, con él, también lo han hecho los delitos. Para 2026, los expertos en ciberseguridad alertan de un escenario en el que las ciberamenazas financieras impulsadas por inteligencia artificial serán más frecuentes, más discretas y, sobre todo, mucho más difíciles de frenar tanto para usuarios como para empresas.
Informes recientes, como el Kaspersky Security Bulletin centrado en crimeware y amenazas financieras, apuntan a un salto de calidad en las técnicas empleadas por los ciberdelincuentes. No solo se espera que aumente el volumen de ataques, sino que estos serán más automatizados, profesionales y adaptados a cada región, con especial impacto en los sistemas de pago móviles y en la banca online utilizada de forma masiva en Europa.
De las tendencias de 2025 al nuevo escenario financiero de 2026

Las previsiones para 2026 no aparecen de la nada: se apoyan en lo que ya ocurrió en 2025, un año marcado por el auge del ransomware y de los troyanos bancarios. Solo en el sector financiero global se registraron más de 1.338.357 ataques de este tipo, y alrededor del 12,8% de las organizaciones financieras sufrieron incidentes relacionados con ransomware.
Ese periodo también estuvo marcado por un incremento de ataques a la cadena de suministro, mayor uso de stealers como Lumma, Vidar o Redline y la adopción de tecnologías como blockchain con fines maliciosos. Es decir, los delincuentes ya veían profesionalizándose y diversificando sus herramientas, algo que sienta las bases de las amenazas que se esperan consolidar el próximo año.
Sobre esta experiencia acumulada, los analistas anticipan un entorno en el que las operaciones criminales digitales se organizan casi como empresas, con estructuras, servicios de soporte y modelos de negocio tipo suscripción. El modelo de malware como servicio (MaaS) se refuerza, lo que permite que incluso actores con poca pericia técnica puedan acceder a herramientas avanzadas de ataque.
En este contexto, Europa y España, con una banca ampliamente digitalizada y un uso masivo de pagos móviles y tarjetas contactless, se convierten en un caldo de cultivo ideal para probar nuevas tácticas, desde malware con IA hasta campañas de engaño muy elaboradas mediante deepfakes.
Malware financiero con IA: la nueva generación de ataques inteligentes

Una de las predicciones más inquietantes es la aparición de malware financiero dotado de inteligencia artificial capaz de adaptarse sobre la marcha. Este software malicioso podrá analizar por sí mismo el entorno en el que se ejecuta, detectar medidas de seguridad y modificar su comportamiento en tiempo real para colarse donde más daño pueda causar.
En la práctica, esto significa que un mismo código podría cambiar de técnica según el banco, el país o el dispositivo, variando desde el robo directo de credenciales hasta la manipulación de transacciones o la instalación de módulos adicionales para espiar al usuario. Su capacidad de “resiliencia activa” hará que no dependa tanto de instrucciones humanas continuas, sino que sea la propia IA la que elija las rutas de ataque más efectivas.
Para las soluciones de ciberseguridad tradicionales, basadas muchas veces en patrones conocidos o firmas estáticas, este tipo de amenazas supone un desafío importante. Hará falta reforzar las capacidades de análisis de comportamiento y la respuesta en tiempo real, sobre todo en la banca y en los proveedores de servicios de pago europeos, que operan con normativas estrictas pero con un alto volumen de operaciones diarias.
Además, se espera que la IA se utilice no solo en el lado del malware, sino también en el de la optimización de campañas de fraude financiero: elección automática de víctimas, segmentación por poder adquisitivo o por tipo de servicio bancario utilizado, e incluso adaptación del lenguaje y tono de los mensajes fraudulentos para cada país o región.
WhatsApp como caballo de Troya y el auge del fraude móvil
Otro pilar de las ciberamenazas financieras previstas para 2026 será la explotación de aplicaciones de mensajería, con especial protagonismo de WhatsApp, como vehículo principal de distribución de troyanos bancarios. Los desarrolladores de este tipo de malware ya están reescribiendo sus creaciones para propagarlas de forma masiva a través de la app.
El gancho es evidente: WhatsApp concentra una enorme base de usuarios en España y en toda Europa, lo que facilita el envío de enlaces maliciosos, archivos APK fraudulentos o mensajes con ingeniería social que imitan comunicaciones bancarias, avisos de paquetería o supuestas devoluciones de impuestos. Basta un clic descuidado para que el dispositivo quede comprometido.
Este enfoque también aprovecha la dualidad de uso: muchas personas combinan la banca online en ordenadores Windows con consultas rápidas en el móvil, lo que permite diseñar ataques cruzados en los que un troyano se instala en un equipo y otro se entrega por mensajería al teléfono, coordinando el robo de credenciales o los desvíos de SMS de verificación.
En paralelo, se prevé una mayor utilización de otros servicios de mensajería y redes sociales para mantener vivo el fraude tradicional, pero con nuevos métodos de entrega y un discurso mucho más persuasivo. Los estafadores se adaptan rápidamente a las plataformas donde pasamos más tiempo, y los canales móviles seguirán siendo su campo de juego favorito.
Deepfakes, suplantaciones y un mercado clandestino de IA cada vez más maduro
Más allá del malware que se instala en dispositivos, las ciberamenazas financieras de 2026 también tomarán la forma de campañas de engaño basadas en deepfakes y contenido sintético. La generación de vídeos y audios falsos mediante IA se abarata y se hace más accesible, lo que multiplica su uso en todo tipo de fraudes.
Los expertos anticipan que estos recursos se usarán para suplantar identidades en procesos de verificación (KYC), manipular entrevistas laborales y engañar a empleados de banca y empresas financieras. Un audio convincente que imite la voz de un directivo o un vídeo que parezca auténtico puede presionar a un trabajador para autorizar una transferencia o compartir información sensible.
Al mismo tiempo, se espera la expansión de un mercado negro especializado en servicios de IA listos para usar, donde se venderán modelos, plantillas y herramientas capaces de generar deepfakes adaptados a idiomas y acentos específicos, algo especialmente relevante en un continente tan diverso lingüísticamente como Europa.
Este tipo de amenazas difumina la frontera entre ciberataque técnico y manipulación psicológica. La combinación de ingeniería social clásica con contenido generado por IA dará como resultado fraudes mucho más creíbles, frente a los cuales la formación de los usuarios y de los empleados será tan importante como las propias soluciones tecnológicas.
Info stealers regionales, MaaS y dispositivos preinfectados
Otra evolución preocupante es la aparición de info stealers diseñados específicamente para determinados países o regiones. Estos programas especializados en robar credenciales y datos de acceso se ajustarán a las peculiaridades de los sistemas financieros locales, los portales de banca en línea y los hábitos digitales de cada zona.
Esta regionalización aumentará la eficacia de los ataques: un stealer orientado al mercado europeo podrá reconocer portales bancarios concretos, métodos de autenticación usados en España o formularios de acceso habituales, realizando capturas de pantalla, keylogging o robo de cookies con una precisión muy afinada.
Toda esta tendencia está estrechamente vinculada al modelo de malware como servicio (MaaS). En lugar de desarrollar desde cero, muchos ciberdelincuentes recurrirán a kits ya listos, alquilando infraestructuras y paneles de control que simplifican la gestión de campañas masivas. Así, el “negocio” se escala de forma global, pero con campañas adaptadas a cada región.
A esto se suma la continuidad de un fenómeno especialmente delicado: la venta de dispositivos inteligentes preinfectados desde fábrica. Teléfonos, televisores y otros aparatos conectados pueden llegar al usuario con troyanos avanzados como Triada ya instalados, lo que compromete la seguridad financiera incluso antes de que se configure el primer método de pago.
Pagos NFC en el punto de mira y riesgos en el día a día
El crecimiento de los pagos sin contacto mediante tecnología NFC (Near-Field Communication) ha hecho que pagar acercando el móvil o la tarjeta al terminal se convierta en un gesto cotidiano en supermercados, transporte o comercios de barrio. Esa comodidad, sin embargo, también está en el radar de los atacantes.
Para 2026 se espera una proliferación de herramientas, técnicas y malware específicos para interceptar, manipular o robar información de estas transacciones. No se trata solo de leer datos a corta distancia, sino de aprovechar vulnerabilidades en apps de monedero digital, configuraciones inseguras o fallos en la implementación de los protocolos de pago.
En Europa, donde el uso de NFC está muy extendido, este tipo de ataques puede afectar tanto a usuarios particulares como a pequeños comercios que utilizan TPV móviles y soluciones de pago basadas en teléfonos o tablets. Un solo terminal comprometido puede abrir la puerta al robo o a la modificación de operaciones.
Ante este escenario, los especialistas recomiendan medidas muy concretas: desactivar el NFC cuando no esté en uso, optar por fundas o carteras que bloqueen comunicaciones no autorizadas y revisar con cierta frecuencia los límites de pago sin PIN para detectar movimientos extraños con mayor rapidez.
Consejos clave para usuarios: reducir el riesgo sin volverse paranoico
Los expertos insisten en que no se trata de dejar de usar la banca digital ni los pagos móviles, sino de adoptar ciertos hábitos básicos de seguridad que reducen de forma notable las posibilidades de caer en una ciberestafa financiera.
El primer punto, aparentemente obvio pero aún muy ignorado, es instalar apps solo desde tiendas oficiales como Google Play, App Store o las plataformas de cada fabricante. Descargar aplicaciones bancarias, de inversión o de pago desde enlaces recibidos por mensaje o desde webs de terceros abre la puerta a versiones falsas diseñadas para robar datos.
También es importante mantener desactivado el NFC cuando no se utilice. Esta función, pensada para facilitar pagos y conexiones rápidas, puede convertirse en un vector adicional de ataque si permanece encendida permanentemente, sobre todo en entornos muy concurridos o cuando se utilizan monederos digitales con tarjetas vinculadas.
Otro hábito imprescindible consiste en revisar con frecuencia las cuentas, movimientos y notificaciones del banco. Controlar cargos pequeños o repetidos que no se reconocen puede ayudar a detectar pruebas de los delincuentes antes de que pasen a ataques de mayor cuantía. Ajustar alertas de operaciones en tiempo real también sirve como sistema de aviso temprano.
Por último, los especialistas recomiendan utilizar soluciones de seguridad con funciones específicas para pagos online, capaces de validar si una página de banco o comercio electrónico es legítima antes de introducir datos sensibles. Este tipo de herramientas añade una capa de protección adicional frente a webs fraudulentas que imitan a la perfección la apariencia de entidades financieras reales.
Recomendaciones para empresas financieras y grandes organizaciones
En el ámbito corporativo, y especialmente dentro del sector financiero europeo, las ciberamenazas impulsadas por IA y la profesionalización del crimeware obligan a reforzar la estrategia de seguridad a varios niveles, no solo tecnológico.
Una de las prioridades es la revisión exhaustiva de la infraestructura tecnológica. Las organizaciones deben someter sus sistemas, redes y aplicaciones a auditorías periódicas, idealmente a cargo de equipos externos que puedan detectar puntos débiles que el personal interno pasa por alto por costumbre o falta de perspectiva.
Además, se considera clave apostar por plataformas integradas de detección, análisis y respuesta, en lugar de acumular herramientas aisladas que no se comunican entre sí. Este tipo de soluciones permite tener una visión unificada de lo que ocurre en toda la red y acortar los tiempos de reacción ante un incidente.
La apuesta tecnológica debe ir acompañada de un enfoque muy claro en las personas. Las empresas necesitan programas de formación continua para empleados, desde los niveles operativos hasta las direcciones, centrados en reconocer intentos de phishing, enlaces sospechosos, documentos maliciosos y tácticas de ingeniería social que se van sofisticando con la IA.
Expertos como Fabio Assolini, del equipo global de investigación y análisis de Kaspersky, destacan que las organizaciones han de evolucionar al mismo ritmo que sus adversarios, combinando tecnología avanzada, mayor capacidad analítica y procesos de respuesta bien definidos. Sin estos tres pilares, las defensas se quedan cortas ante ataques que cambian de cara casi a diario.
Con el panorama previsto para 2026, las ciberamenazas financieras impulsadas por IA, el aumento de los fraudes móviles y el uso de deepfakes dibujan un entorno en el que tanto usuarios como empresas en España y en el resto de Europa tendrán que moverse con más atención. Conocer cómo funcionan estos riesgos, adoptar buenas prácticas digitales y reforzar los sistemas de protección ya no es una opción, sino una condición necesaria para evitar que el siguiente ataque automatizado tenga como objetivo directo nuestro dinero.