Configuración BIOS y UEFI para optimizar SSD M.2 PCIe NVMe

  • La correcta configuración de BIOS/UEFI (modo UEFI, CSM desactivado y ranura M.2 en PCIe x4) es clave para aprovechar un SSD M.2 NVMe.
  • Comprender la diferencia entre M.2 SATA y M.2 NVMe y cómo comparten recursos con puertos SATA evita problemas de detección de unidades.
  • Ajustes en Windows como TRIM, gestión de servicios de indexado y caché de escritura ayudan a mantener rendimiento y vida útil del SSD.
  • Verificar con benchmarks y pruebas prácticas confirma que el SSD NVMe está funcionando a la velocidad esperada.

Configuración BIOS y UEFI para optimizar SSD M.2 PCIe NVMe

Si acabas de montar un SSD M.2 PCIe NVMe como unidad principal o estás pensando en hacerlo, seguramente te suenen conceptos como BIOS, UEFI, PCIe x4, CSM, TRIM o Secure Boot… y quizá tengas un pequeño batiburrillo en la cabeza. La buena noticia es que, con unas cuantas nociones claras y un par de ajustes bien hechos, puedes sacar mucho más partido a tu unidad sin volverte loco en el proceso.

En las siguientes líneas vamos a ver, con calma pero al grano, cómo configurar la BIOS o UEFI para optimizar un SSD NVMe, qué implican las opciones de los puertos M.2 y SATA, cómo elegir el modo correcto de funcionamiento y qué ajustes en Windows te ayudan a mantener el rendimiento a largo plazo. Todo explicado con un tono cercano, sin tecnicismos vacíos, pero con el nivel de detalle que te gustaría encontrar cuando de verdad quieres dejar tu equipo fino.

Conceptos clave antes de tocar la BIOS o UEFI

Antes de empezar a cambiar opciones, conviene tener claros algunos conceptos básicos sobre NVMe, M.2 y los modos de conexión. Esto te ayudará a entender por qué la placa muestra ciertos mensajes y qué estás realmente tocando en la BIOS o UEFI.

Qué es NVMe y por qué es tan rápido

NVMe son las siglas de Non-Volatile Memory Express, un protocolo diseñado para SSD que usan el bus PCIe. A diferencia de los discos SATA tradicionales, NVMe se aprovecha de la baja latencia de las memorias flash modernas, del paralelismo de las SSD y de las CPUs multinúcleo para procesar un número enorme de peticiones de lectura y escritura en paralelo.

Gracias a unos conjuntos de comandos simplificados y optimizados, NVMe reduce muchísimo el tiempo de espera entre la petición de datos y la respuesta del dispositivo. Eso se traduce en tiempos de arranque muy cortos, programas que cargan casi instantáneamente y una sensación de agilidad que ningún disco mecánico puede igualar.

M.2, M.2 SATA y M.2 NVMe: no es lo mismo

La interfaz M.2 es un formato físico de conector y tarjeta introducido para sustituir a mSATA, pero no define por sí misma el tipo de protocolo que se usa. Aquí está el truco: un M.2 puede funcionar como SATA o como PCIe/NVMe, dependiendo de la placa y de la unidad.

Cuando hablamos de M.2 SATA, nos referimos a un SSD en formato M.2 que internamente trabaja como un SSD SATA de 2,5 pulgadas: comparte el mismo límite teórico de ancho de banda, en torno a 600 MB/s de transferencia. La diferencia principal frente a un 2,5″ clásico es el formato, más compacto y sin cables, pero el rendimiento máximo está muy parecido.

En cambio, un M.2 NVMe se conecta al bus PCI Express. Esto permite velocidades muy superiores, ya que PCIe x4 de generaciones modernas puede llegar a varios GB/s sin despeinarse. Además, al comunicarse directamente con la CPU a través de PCIe, se reduce la necesidad de pasar por controladoras pensadas para discos mecánicos, lo que elimina cuellos de botella clásicos del mundo SATA.

Diferencia real entre M.2 SATA y M.2 NVMe

A nivel práctico, la distancia es enorme: mientras que un SSD M.2 SATA suele rondar los 500-550 MB/s en lectura y escritura secuencial, un M.2 NVMe actual puede multiplicar esa cifra por varias veces, sobre todo si aprovecha un enlace PCIe x4 de nueva generación.

Un punto importante que a veces se pasa por alto es que M.2 es solo la “forma” del SSD. Para saber si tienes un modelo SATA o NVMe, debes fijarte tanto en las especificaciones de la unidad como en las de la placa base, que indicarán “SATA”, “PCIe x2/x4” o “NVMe” en la ranura correspondiente. Eso marca la diferencia entre un salto moderado de rendimiento y un auténtico turbo.

Tipos de llave (key) en M.2: B, M y B+M

Si miras el conector de tu SSD M.2, verás uno o dos cortes en el borde dorado. Estos cortes indican el tipo de llave (key) que usa el módulo, y sirven para asegurar que sólo se inserte en ranuras compatibles.

De forma general, podemos encontrarnos con estas variantes de claves M.2:

  • B-Key: suele usarse en muchas unidades M.2 SATA y en algunos NVMe antiguos, normalmente con menos líneas PCIe.
  • M-Key: habitual en unidades NVMe modernas que usan un enlace PCIe x4, con el máximo ancho de banda que admite la ranura.
  • B+M Key: módulos que pueden trabajar como SATA o PCIe según la controladora y la placa base.

Si, por ejemplo, tienes un SSD NVMe tipo M-Key como los clásicos modelos NVMe de Samsung, sólo encajará en ranuras M.2 que acepten esa llave y ofrezcan carriles PCIe suficientes. En portátiles antiguos o placas con soporte limitado, esto es crucial para no llevarse sorpresas.

Modo PCIe x4 en las ranuras M.2

Muchos equipos de escritorio actuales incluyen ranuras M.2 configurables que pueden compartir líneas con otros puertos, como SATA o PCIe para tarjetas de expansión. En estos casos, la BIOS o UEFI puede permitirte forzar el modo PCIe x4 en la ranura M.2 para priorizar el rendimiento del SSD NVMe.

Al habilitar el modo PCIe x4 en el M.2, normalmente se desactiva o se limita el rendimiento de algunos puertos SATA o de otras ranuras PCIe secundarias, porque comparten el mismo conjunto de líneas PCI Express procedentes del chipset o del propio procesador. Esto explica los mensajes del manual que indican que, al instalar un dispositivo PCIe en el zócalo M.2, ciertos puertos SATA Express o SATA normales dejan de estar disponibles.

Cómo interpretan las placas base los puertos M.2 y SATA

Configuración BIOS y UEFI para optimizar SSD M.2 PCIe NVMe

Cuando lees el manual de una placa moderna, es fácil toparse con frases del estilo: “La ranura M.2 y el puerto SATA Express comparten ancho de banda” o “Si instalas un dispositivo SATA en M.2, el puerto SATA_2 queda deshabilitado”. Vamos a desgranarlo con calma.

En muchas placas, los zocolos M.2 y algunos puertos SATA Express están conectados a los mismos recursos internos. Esto significa que, según el tipo de unidad que montes en M.2 (SATA o PCIe/NVMe), el sistema dará prioridad a una u otra conexión y liberará o bloqueará puertos asociados.

Un caso típico que puedes encontrar en el manual de una placa base es:

  • Las ranuras M.2 y SATA Express admiten dispositivos tanto PCIe como SATA.
  • Si instalas un dispositivo en modo PCIe en M.2, el puerto SATA Express sigue pudiendo usar dispositivos PCIe o SATA, pero puede que algunos SATA individuales se desactiven.
  • Si instalas un dispositivo en modo SATA en M.2, el sistema le da mayor prioridad a ese zócalo M.2 sobre otros puertos SATA Express, lo que normalmente implica que uno o varios puertos SATA (por ejemplo el SATA_2) queden reservados o deshabilitados.
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Esta gestión dinámica de recursos permite a la placa base optimizar el uso de líneas PCIe y canales SATA, y resulta útil cuando quieres combinar SSD y HDD con Storage Spaces. Sin embargo, a cambio puede generar confusión si no has leído bien la tabla de compatibilidades del manual. Si ves que un disco SATA desaparece al instalar un M.2, casi siempre se debe a este tipo de solapamiento.

Ejemplo práctico: caso de una placa ASUS y un SSD NVMe M.2

Imagina que tenías Windows instalado en un SSD SATA de 2,5″ y has migrado a un SSD NVMe M.2 en una placa ASUS relativamente moderna. Todo arranca correctamente y el sistema parece ir rápido, pero te preguntas si deberías cambiar algo en la BIOS para exprimirlo al máximo.

La respuesta general es que, si el sistema ya arranca desde el NVMe y no hay errores, la placa seguramente haya hecho parte del trabajo de forma automática. No obstante, conviene revisar ciertos apartados del firmware para confirmar que todo está configurado en modo UEFI y que la ranura M.2 está en el modo adecuado (preferiblemente PCIe x4 si la placa lo permite), o incluso generar un informe de hardware para verificar compatibilidades.

Pasos básicos para entrar en BIOS/UEFI en placas ASUS

En una placa tipo ASUS ROG o similar, el proceso estándar suele ser:

Encender el equipo y pulsar la tecla adecuada (normalmente Supr o F2 para acceder a la BIOS) durante la pantalla inicial. Una vez dentro, puedes cambiar a modo avanzado para ver todas las opciones de almacenamiento, modo de arranque y configuración de las ranuras M.2.

Dependiendo del modelo (por ejemplo, una ASUS ROG Maximus de gama alta), encontrarás un menú específico donde se configuran las ranuras M.2: ahí podrás fijar si el zócalo usa líneas PCIe compartidas, si funciona en modo PCIe x4 y qué puertos SATA quedarán deshabilitados cuando se active esa ranura.

Configuración del zócalo M.2 y modo PCIe x4

En el apartado de almacenamiento o PCIe, la placa suele ofrecer una opción para elegir el modo de funcionamiento de la ranura M.2. En algunos modelos aparece algo parecido a “M.2_1 Configuration” con las alternativas “Auto”, “SATA” o “PCIe x4”.

Si quieres obtener el máximo rendimiento de un SSD NVMe, lo más recomendable es forzar o confirmar que la ranura se ha configurado en modo PCIe x4, siempre que tu SSD y tu placa lo soporten. Eso garantiza que el dispositivo tendrá acceso a todo el ancho de banda disponible, evitando cuellos de botella por configuraciones automáticas conservadoras.

Cuándo pedir ayuda o revisar el manual

Si los mensajes de la BIOS o el manual te parecen un jeroglífico, es buena idea acudir a la documentación oficial de la placa. Suelen incluir tablas que indican claramente qué puertos quedan deshabilitados al usar M.2 PCIe o M.2 SATA y qué modos son compatibles para cada ranura.

En caso de duda, siempre puedes apoyarte en el soporte técnico del fabricante o en los apartados de ayuda dentro de la propia UEFI (muchas incluyen descripciones rápidas de cada opción). Entender esta parte evitará problemas de detección de discos o conflictos al conectar varias unidades a la vez.

Instalar un SSD NVMe en placas antiguas y limitaciones de arranque

No todos los equipos pueden arrancar directamente desde un SSD NVMe conectado mediante un adaptador PCIe. En placas más veteranas, especialmente anteriores a la popularización de NVMe, es frecuente que el sistema operativo vea el disco una vez cargado, pero la BIOS tradicional no lo reconozca como dispositivo de arranque.

Un ejemplo típico sería una estación de trabajo de 2013-2014 con placa sin puerto M.2, donde instalas una tarjeta adaptadora PCIe a M.2 con un SSD NVMe. Windows 10, al cargarse desde otro disco, detecta el NVMe sin problema, pero el instalador de Windows no te deja usarlo como unidad de arranque y lanza mensajes indicando que *el hardware no soporta el arranque desde ese dispositivo*.

Este comportamiento no se debe a un fallo del SSD, sino a que la BIOS carece del soporte necesario para arrancar desde NVMe. En muchas placas antiguas, ni siquiera con actualizaciones de firmware se soluciona, porque sencillamente no se diseñaron con ese escenario en mente. En esos casos, el NVMe puede servir como unidad de datos muy rápida, pero no como disco del sistema, salvo que se recurra a soluciones muy avanzadas como modding de BIOS o cargadores intermedios, con sus respectivos riesgos.

Cómo configurar NVMe como unidad de arranque en Windows

Cuando el hardware sí lo permite, configurar un SSD NVMe como disco de sistema es una de las mejores decisiones para acelerar el PC. El diseño NVMe, unido al bus PCIe, reduce los tiempos de carga y mejora notablemente la experiencia general de uso.

Comprobar compatibilidad de placa y sistema

Antes de nada, es fundamental asegurarse de que tu placa base y tu firmware (BIOS/UEFI) soportan arranque desde NVMe. Las placas relativamente modernas con UEFI completo suelen ser compatibles, pero en modelos antiguos conviene leer el manual o consultar al fabricante.

En cuanto al sistema operativo, Windows 10 y Windows 11 tienen soporte nativo para NVMe. Windows 8 también puede funcionar en muchos casos, pero con más matices. En Windows 7 la cosa se complica bastante: normalmente tendrás que habilitar el arranque UEFI, usar controladores adicionales para NVMe y lidiar con más limitaciones. Si puedes, lo ideal es pasar al menos a Windows 10 para evitar dolores de cabeza.

Insertar el SSD NVMe en el equipo

Una vez verificada la compatibilidad, toca montar físicamente el SSD en la placa. En un sobremesa actual, normalmente encontrarás una o varias ranuras M.2 enfriadas con disipadores o placas metálicas. Inserta la unidad con suave inclinación, fíjala con el tornillo correspondiente y, si hay disipador, colócalo siguiendo las indicaciones del fabricante.

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En portátiles, tienes que abrir la tapa de mantenimiento (si existe) y comprobar muy bien que el puerto sea M.2 NVMe y no mSATA u otra variante incompatible. Forzar un M.2 en el hueco que no corresponde puede dañar tanto la unidad como la placa.

Elegir cómo instalar el sistema: limpio, migrando o clonando

Hay tres enfoques principales para tener Windows en tu SSD NVMe:

  • Hacer una instalación limpia del sistema operativo en el NVMe.
  • Migrar solo la partición del sistema (SO) desde otro disco a la nueva unidad.
  • Clonar el disco completo de origen al NVMe, con todas sus particiones (puedes aprender a clonar tu disco duro a SSD).

La instalación limpia mediante un USB de arranque suele dar menos problemas a largo plazo, porque evita arrastrar particiones antiguas o configuraciones heredadas. En el instalador de Windows, basta con arrancar desde el medio, elegir idioma, formato de hora y teclado, pulsar en “Instalar ahora” y seleccionar el SSD NVMe como destino. En sistemas UEFI modernos, el instalador creará automáticamente las particiones de arranque adecuadas.

Si prefieres migrar o clonar tu sistema existente, puedes recurrir a herramientas especializadas de particionado y clonación. Muchas incluyen funciones de “Migrar SO a SSD” o “Clonar disco” que copian la partición del sistema (o todo el disco) al NVMe, alineando correctamente las particiones para SSD y manteniendo la capacidad de arranque. Eso sí, conviene hacer copia de seguridad previa, porque el proceso suele borrar el contenido del disco de destino.

Configurar la prioridad de arranque en UEFI

Cuando el sistema operativo ya está en el NVMe, el paso final es indicar a la UEFI que arranque desde esa unidad. El procedimiento puede variar ligeramente según el fabricante, pero el flujo general es parecido al siguiente, tomando como ejemplo un firmware estilo MSI:

Al encender el equipo, pulsa la tecla correspondiente (Supr, F1, F2, según modelo) para entrar en la BIOS/UEFI. Una vez dentro, ve al menú de ajustes de arranque (Boot) y localiza la sección “Boot Priority” o similar. Ahí deberías ver listadas las distintas opciones de arranque, como “Windows Boot Manager (nombre del SSD NVMe)”.

Selecciona la entrada asociada al gestor de arranque de Windows en el NVMe como Boot Option #1. Guarda los cambios, reinicia y verifica que el sistema se inicia directamente desde la unidad NVMe. Si todo ha ido bien, notarás tiempos de arranque sensiblemente más bajos.

Ajustes esenciales en BIOS/UEFI para optimizar un SSD NVMe

Configuración BIOS y UEFI para optimizar SSD M.2 PCIe NVMe

Más allá de que el equipo arranque, hay una serie de parámetros en BIOS/UEFI que influyen en el rendimiento y la estabilidad del SSD NVMe. No todos los sistemas ofrecen exactamente las mismas opciones, pero estos son los puntos clave a revisar.

Actualizar el firmware de la placa

Un paso que muchos pasan por alto es actualizar el BIOS/UEFI a la última versión estable disponible. En muchas placas, las revisiones de firmware mejoran la compatibilidad con dispositivos NVMe, corrigen errores con el arranque UEFI y añaden soporte para nuevos modelos de SSD.

Antes de actualizar, es recomendable leer las noticias de la versión y seguir cuidadosamente el procedimiento indicado por el fabricante. Una actualización mal interrumpida puede dejarte con la placa inservible, así que mejor no improvisar.

Modo AHCI, SATA y su relación con NVMe

En el menú de almacenamiento, verás con frecuencia el ajuste para el modo de los controladores SATA (IDE, AHCI, RAID, etc.). AHCI se diseñó para optimizar el funcionamiento de discos mecánicos y SSD SATA, y suele ser la opción recomendada cuando trabajas con unidades SATA modernas.

Sin embargo, los SSD NVMe no dependen directamente de AHCI, ya que usan su propio protocolo sobre PCIe. Por eso, si tu unidad de sistema es un NVMe M.2, tocar esta configuración no va a exprimir más el NVMe en sí, aunque sí puede afectar a otros discos SATA conectados. En general, se recomienda dejar los discos mecánicos bajo AHCI y no obsesionarse con este parámetro pensando que afectará a la velocidad del NVMe.

Desactivar CSM y usar arranque UEFI nativo

El CSM (Compatibility Support Module) es un modo de compatibilidad que permite a la UEFI funcionar como una BIOS “clásica” para sistemas operativos antiguos que no soportan arranque UEFI. Aunque útil en ciertos escenarios, este modo puede limitar o complicar el arranque desde NVMe.

Para sacar todo el partido al SSD moderno, es recomendable desactivar CSM y forzar el arranque en modo UEFI puro, siempre que tu instalación de Windows esté preparada para ello (instalada en modo UEFI con partición GPT). Esto mejora la compatibilidad con Secure Boot, acelera el proceso de arranque y reduce problemas de detección de dispositivos NVMe como unidades de sistema.

Secure Boot y estabilidad del sistema

El Secure Boot es una característica de seguridad de UEFI que impide que arranquen sistemas o cargadores no firmados o manipulados. En equipos modernos suele venir habilitado por defecto, y es compatible con instalaciones estándar de Windows.

En términos de rendimiento, Secure Boot no hace que el SSD vaya más rápido, pero sí contribuye a mantener la integridad del sistema, lo que indirectamente ayuda a evitar problemas que puedan acabar afectando a la estabilidad y a la experiencia de uso sobre la unidad NVMe.

Otras opciones avanzadas: caché, energía y monitorización

Algunas BIOS/UEFI incluyen ajustes de gestión de energía y parámetros de almacenamiento que influyen en cómo se comportan los dispositivos NVMe cuando el sistema entra en estados de bajo consumo. Si tu prioridad es el máximo rendimiento, puedes revisar y, en algunos casos, desactivar ciertos modos de ahorro agresivo que provoquen latencias adicionales.

En placas de gama media y alta es habitual contar con sensores de temperatura y paneles de monitorización dentro de la propia UEFI. Vigilar que el SSD NVMe no se caliente en exceso es importante para evitar lo que se conoce como “thermal throttling”, una reducción automática de rendimiento para proteger el dispositivo cuando supera ciertas temperaturas.

Optimización del SSD desde Windows: TRIM, indexado y servicios

Una vez que la parte de BIOS/UEFI está encarrilada, merece la pena dedicar unos minutos a ajustar el comportamiento de Windows para no castigar innecesariamente el SSD y mantener su rendimiento con el paso del tiempo.

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Verificar que TRIM está habilitado

El comando TRIM es esencial para que el sistema operativo informe al SSD de qué bloques ya no contienen datos útiles, permitiendo que la unidad gestione mejor la memoria flash y prolongue su vida útil. En Windows 10 y Windows 11 suele venir activado por defecto, pero nunca está de más comprobarlo consultando una guía completa para optimizar SSD.

Para ello puedes abrir una ventana del Símbolo del sistema con permisos de administrador e introducir un comando que active el comportamiento adecuado. Tras ejecutar la orden correspondiente, el sistema se asegura de que las operaciones de borrado se comuniquen correctamente al SSD, ayudando a que las tareas de mantenimiento interno (garbage collection) funcionen como deben.

“Optimizar unidades” y el nuevo papel de la desfragmentación

Durante años se repetía que no había que desfragmentar los SSD, porque su operación no depende de la posición física de los datos como en un disco mecánico, y porque la desfragmentación clásica generaba escrituras innecesarias. Sin embargo, las versiones modernas de Windows ya no usan el desfragmentador antiguo para los SSD.

La herramienta “Optimizar unidades” detecta si el dispositivo es un SSD y, en lugar de hacer una desfragmentación completa, ejecuta un proceso más cercano a un “reTRIM” o mantenimiento programado, que ayuda a que el sistema mantenga la organización interna de los bloques sin castigar tanto la memoria flash. Puedes abrirla desde el menú de inicio, revisar el estado del SSD y ajustar la periodicidad de la optimización automática. Si prefieres instrucciones paso a paso, consulta cómo hacer el mantenimiento del disco duro.

Indexado de Windows en SSD

El servicio de indexado de Windows crea un índice de contenido para acelerar las búsquedas de archivos. En discos mecánicos tenía bastante sentido, porque las búsquedas en bruto eran lentas, pero en un SSD NVMe la velocidad de acceso es tan alta que el beneficio puede ser menos evidente.

Si no sueles usar el buscador del Explorador de archivos por contenido, puedes plantearte desactivar el indexado en la unidad del sistema. Esto reduce la cantidad de operaciones de escritura y lectura constantes que realiza el servicio, aliviando ligeramente el trabajo del SSD y alargando su vida útil, a cambio de perder algo de rapidez al buscar por texto dentro de los documentos.

Servicios Prefetch, Superfetch y búsquedas

Windows implementa mecanismos como Prefetch y Superfetch (rebautizados en algunas versiones) que intentan anticipar qué aplicaciones vas a abrir para precargar datos en memoria. Estas funciones tienen sentido cuando el almacenamiento es relativamente lento, pero con un SSD rápido pueden aportar poco y, en ocasiones, generar carga de trabajo extra sobre la unidad.

Si quieres exprimir al máximo el SSD y no te importa ajustar detalles, puedes revisar la configuración de estos servicios y del propio Windows Search. Mediante el editor del registro y la consola de servicios es posible reducir o deshabilitar ciertas funciones de precarga e indexado intensivo, evitando escrituras de más. Eso sí, hay que valorar si la pérdida de algunas pequeñas comodidades merece la pena para tu caso concreto.

Caché de escritura y archivo de paginación

Otra área delicada es la caché de escritura. En algunos SSD, la caché a nivel de sistema operativo puede mejorar el rendimiento; en otros, en cambio, puede generar comportamientos extraños bajo carga intensa o ante cortes de corriente. Desde el Administrador de dispositivos puedes acceder a las propiedades del disco y activar o desactivar las opciones de caché de escritura para probar cuál es el comportamiento que mejor se adapta a tu uso.

El archivo de paginación (pagefile) es otro clásico. Windows lo utiliza como memoria virtual cuando se queda sin RAM física. En un SSD moderno, borrar o limpiar completamente este archivo en cada apagado no aporta mejora de seguridad o rendimiento apreciable en la mayoría de casos, pero sí provoca escrituras adicionales innecesarias. Ajustar o desactivar ciertas limpiezas automáticas en el registro puede ayudar a reducir este desgaste, siempre teniendo en cuenta que muchos juegos actuales hacen uso intensivo de memoria, y un archivo de paginación demasiado limitado puede generar tirones si la RAM se queda corta.

Cómo comprobar si la optimización ha funcionado

Después de todo este ajuste fino, es lógico querer saber si de verdad tu SSD NVMe está rindiendo como debería. Afortunadamente, hay formas sencillas de comprobarlo sin necesidad de ser experto en benchmarks.

Lo más directo es usar herramientas de prueba de rendimiento de discos que midan lectura y escritura secuencial y aleatoria, o incluso Windows Performance Recorder para detectar cuellos de botella en el sistema. Comparando los resultados con las especificaciones aproximadas del fabricante tendrás una buena idea de si tu NVMe está limitado por algún ajuste o trabaja a pleno rendimiento.

Si prefieres algo más casero, puedes crear una partición de cierto tamaño en el SSD, llenarla con una carpeta repleta de archivos y medir cuánto tarda en copiarla a otra partición del mismo disco. Aunque no es tan preciso como un benchmark, te permite apreciar si los tiempos son razonables o si algo va notablemente más lento de lo esperado.

También es útil prestar atención al uso real del equipo: tiempos de arranque del sistema, carga de juegos y aplicaciones pesadas, velocidad al mover archivos grandes, o si notas tirones bajo carga. Si tras configurar UEFI, asegurar el modo PCIe x4, verificar TRIM y ajustar los servicios de Windows ves mejoras claras, puedes dar por bien invertido el rato de configuración.

Con todo lo anterior, cualquier usuario que entienda mínimamente su BIOS/UEFI y sepa qué papel juegan NVMe, M.2, PCIe y los servicios de Windows tendrá en la mano las claves para que un SSD M.2 PCIe NVMe funcione estable, rápido y aprovechando al máximo el hardware, evitando errores habituales de configuración y exprimiendo el auténtico potencial de este tipo de unidades en el día a día.

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