Las ventas de Xbox Series S y Series X se hunden y agravan la brecha con PS5

  • Las ventas de Xbox Series S y Series X caen un 32% interanual y agravan la brecha frente a PS5.
  • Los ingresos totales de la división Xbox descienden un 9%, incluyendo un 5% menos en contenidos y servicios como Game Pass.
  • Call of Duty: Black Ops 7 rinde muy por debajo de lo esperado y lastra los resultados de Microsoft Gaming.
  • La estrategia de Microsoft de reducir el peso del hardware y apostar por servicios y juego multiplataforma entra en una fase delicada.

Consolas Xbox Series con caída de ventas

Las últimas cifras financieras de Microsoft han vuelto a poner en el foco a Xbox Series S y Xbox Series X, y no precisamente para bien. La compañía ha confirmado que las ventas de su actual generación de consolas han sufrido una caída muy pronunciada, que consolida una tendencia negativa que ya venía arrastrándose desde hace varios trimestres.

En un contexto en el que el negocio general de Microsoft sigue gozando de buena salud, la rama de videojuegos vive un momento delicado. La división Xbox encadena malos resultados mientras la distancia con PS5 se amplía y la apuesta por servicios como Game Pass no termina de compensar el tropiezo en el hardware.

Un desplome del 32% en las ventas de Xbox Series S y Series X

Según el último informe trimestral, los ingresos por hardware de videojuegos se han hundido un 32% respecto al mismo periodo del año anterior. Ese porcentaje refleja de forma bastante clara cómo las ventas de Xbox Series S y Xbox Series X se han ido desinflando, incluso en momentos clave como la campaña de Black Friday y Navidad.

Este dato no ha pillado por sorpresa a la propia compañía: la dirección financiera de Microsoft ya había anticipado hace tiempo que no esperaban un repunte relevante en la actual generación. Sin embargo, el ritmo actual empieza a ser preocupante, porque coloca a Xbox Series por debajo del rendimiento comercial que tuvo Xbox One en su momento, algo difícil de imaginar cuando se lanzó este hardware.

Los datos de mercado más fiables apuntan a que PS5 ronda ya los 89,44 millones de unidades vendidas en todo el mundo, mientras que Xbox Series S y Xbox Series X se quedan en torno a los 34,17 millones. Eso deja a Microsoft en una situación en la que, a grandes rasgos, se venden casi tres consolas PS5 por cada Xbox Series, una brecha que no deja de ampliarse trimestre tras trimestre.

Si esta tendencia se mantiene, no es descartable que la actual generación de Xbox cierre su ciclo con un acumulado inferior al de Xbox One, algo que tendría un peso simbólico importante y que obligaría a replantear a fondo la estrategia de hardware de la compañía de cara a su próxima consola.

La división Xbox cae un 9% pese al buen momento del resto de Microsoft

La situación de las consolas no se entiende sola: forma parte de un cuadro más amplio. Los ingresos totales de la división Xbox han descendido un 9% en el último trimestre fiscal, en comparación con el mismo periodo del año anterior, confirmando que el bache no se limita al hardware.

Este dato contrasta con la evolución del conglomerado en su conjunto, ya que Microsoft, como empresa, ha registrado un crecimiento del 17% en ingresos. Es decir, el negocio principal —impulsado por la nube, la inteligencia artificial y otros servicios empresariales— va viento en popa, mientras el área de videojuegos va claramente a remolque y supone una nota discordante dentro del balance general.

Conviene recordar que todas estas cifras se presentan en comparación interanual, es decir, se confronta el mismo trimestre de un año con el del año anterior. No se trata de una comparativa entre trimestres consecutivos, lo que da más solidez a la lectura: la división Xbox no está cayendo por una simple estacionalidad, sino porque su posición se ha debilitado respecto al mismo periodo del ejercicio previo.

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En los últimos años, Microsoft Gaming había logrado compensar la debilidad en ventas de consolas con ingresos crecientes en servicios, juegos y la compra de grandes editoras. La integración de Activision Blizzard King, por ejemplo, dio un empujón notable al negocio. Pero el nuevo informe muestra que esa inercia positiva se ha frenado en seco.

Desde la propia compañía se apunta a la falta de grandes lanzamientos first party en este periodo concreto como una de las principales causas de la caída, lo que refuerza la idea de que la división cada vez depende más de los títulos exclusivos y de gran tirón para sostener sus números.

Game Pass pierde fuelle y los ingresos por contenidos también caen

Otro de los pilares de la estrategia de Xbox, el negocio de contenidos y servicios, tampoco atraviesa su mejor momento. Microsoft ha reconocido que los ingresos por este concepto han caído un 5%, una cifra especialmente llamativa porque aquí se agrupan las suscripciones a Xbox Game Pass, las compras de juegos digitales, contenidos adicionales y, en general, todo lo que gastan los jugadores dentro del ecosistema Xbox.

Es un resultado que duele más si se tiene en cuenta que es el primer informe financiero tras la fuerte subida de precio de Game Pass, aplicada el 1 de octubre de 2025. En teoría, una subida de tarifas debería sostener o incluso elevar los ingresos si el número de suscriptores se mantiene. Que, aun así, haya una caída indica que una parte importante de usuarios ha cancelado o cambiado de plan, lo que apunta a un desgaste real en el atractivo del servicio.

Desde Xbox se intenta relativizar este golpe comparando con el mismo periodo del año anterior, cuando el catálogo de Game Pass estuvo especialmente reforzado con grandes lanzamientos first party como Call of Duty: Black Ops 6 accesible en todos los niveles de suscripción, además de títulos como Indiana Jones y El Gran Círculo. Aun con esa explicación, la percepción que se extiende entre muchos jugadores es que ahora Game Pass ofrece menos incentivos que antes para seguir pagando cada mes.

La caída se suma a otros síntomas de fatiga, como el hecho de que en el trimestre anterior el segmento de servicios y contenidos sólo logró crecer un 1%, una cifra ya de por sí discreta para lo que venía acostumbrando la plataforma. Se ha pasado de años de crecimiento constante a encadenar un trimestre plano y otro en negativo.

El problema para Microsoft es que había apostado gran parte de su futuro en el mundo del videojuego a esta fórmula de suscripción, con la consola actuando casi como una puerta de entrada a un ecosistema centrado en el juego digital y el acceso bajo demanda. Si el servicio estrella empieza a perder tracción justo cuando el hardware flojea, la ecuación se complica.

El batacazo de Call of Duty: Black Ops 7 agrava la situación

En este contexto, uno de los golpes más inesperados ha sido el rendimiento muy por debajo de lo esperado de Call of Duty: Black Ops 7. Desde la propia Activision se asume que la última entrega de la saga ha sido, comercialmente, una de las más flojas de los últimos años, algo especialmente sensible tras la adquisición del editor por parte de Microsoft.

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Los datos que se conocen apuntan a que Black Ops 7 vendió unas 401.000 copias en Steam durante sus primeros 26 días a la venta, lo que supone una caída de alrededor del 82% frente al rendimiento de Black Ops 6 en el mismo periodo. Es una diferencia enorme para una franquicia que históricamente ha sido una máquina de imprimir dinero año tras año.

El flojo debut del juego ha tenido un efecto colateral llamativo: por primera vez en la historia reciente, la saga Battlefield habría superado a Call of Duty en ventas en el mismo marco temporal, algo que parecía impensable hace no demasiado. Para Microsoft Gaming, que cuenta a Call of Duty como uno de los pilares de su catálogo tras la compra de Activision Blizzard, es un toque de atención en toda regla.

La compañía liga buena parte de la caída de ingresos en la división Xbox a este tropiezo concreto, ya que se había depositado mucha confianza en que Black Ops 7 tirase del carro del trimestre. El resultado ha sido justo el contrario: el título no ha conseguido dinamizar el ecosistema, ni por venta directa ni como reclamo para Game Pass, y ha terminado sumando otra losa sobre unas cuentas que ya venían tensas.

A esto se suma que otros lanzamientos del periodo, como The Outer Worlds 2 o Keeper, tampoco han logrado el impacto esperado. El primero ha pasado bastante más desapercibido de lo que cabría suponer para una secuela de un RPG reconocido, mientras que el segundo se ha descrito internamente como un fracaso comercial muy acusado. Todo ello ha dejado a la división de gaming sin un gran éxito que maquille el resto de debilidades.

Una estrategia con menos peso del hardware y dudas en el ecosistema Xbox

Más allá de los números, los resultados recientes reabren el debate sobre la estrategia global de Xbox. Desde hace un tiempo, Microsoft ha optado por reducir su dependencia de la venta de consolas, poniéndose cada vez más el traje de editor third party y extendiendo sus juegos a otras plataformas, incluido el ecosistema de la competencia cuando así lo considera oportuno.

Esa transición se ha acompañado de subidas de precio en Xbox Series S y Series X en varios mercados y un notable aumento de las tarifas de Game Pass, especialmente en los planes centrados en consola. Sumado a la práctica renuncia a los exclusivos rotundos —aquellos que sólo se pueden jugar en Xbox—, esto ha hecho que muchos jugadores perciban menos motivos para seguir dentro del ecosistema de hardware de la marca.

El riesgo de fondo es que, si las ventas de consolas continúan a la baja durante varios trimestres más, las plataformas puedan perder relevancia a ojos de algunos desarrolladores. En un extremo, podría darse el caso de estudios que decidan rebajar su inversión en versiones específicas para Xbox Series S y Series X, o incluso prescindir de ellas en títulos muy concretos, si el esfuerzo no se compensa con las ventas.

De momento no se ha llegado a un escenario tan radical, pero la tendencia descendente encadena ya varios trimestres, lo que empieza a alimentar ese tipo de dudas en parte del sector. La situación en Europa y España no es ajena a este fenómeno: el dominio de PlayStation en estos mercados ha sido tradicionalmente fuerte, y el retroceso de Xbox en ventas de hardware sólo consolida aún más esa percepción de desequilibrio.

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Pese a todo, Microsoft cuenta con una baza importante: es propietaria de algunos de los estudios más grandes de la industria, entre ellos Activision Blizzard y Bethesda. Eso le garantiza que, incluso si el ecosistema de consolas se resiente, seguirá controlando franquicias de enorme peso como Call of Duty, The Elder Scrolls, Doom, Diablo o Fallout, que pueden sostener el interés de los usuarios propios y ajenos.

¿Qué futuro espera a Xbox Next en medio de esta crisis?

Con la actual generación de Xbox registrando resultados cada vez más discretos, muchas miradas se dirigen ya a la próxima consola de la compañía, conocida de forma provisional como Xbox Next. La gran duda es hasta qué punto el rendimiento de Series S y Series X podría condicionar el futuro de ese proyecto.

Por ahora, todo apunta a que Xbox Next sigue adelante. Microsoft mantiene un acuerdo con AMD y lleva tiempo colaborando en el desarrollo del nuevo hardware, de modo que no parece que la mala marcha de las ventas actuales vaya a traducirse en la cancelación de la siguiente máquina. Sería un giro demasiado brusco, incluso para una empresa del tamaño de Microsoft.

La clave está en si la compañía utiliza estos datos como un toque de atención para replantear su propuesta. La próxima consola podría llegar acompañada de una estrategia distinta en cuanto a precios, catálogo y valor añadido, sobre todo si se quiere evitar repetir una generación en la que la ventaja competitiva frente a PS5 se ha ido diluyendo trimestre a trimestre.

En paralelo, Microsoft intenta diversificar sus cartas de cara a los próximos ejercicios con un calendario más nutrido de lanzamientos de peso. Títulos como Fable, Forza Horizon 6, Gears of War: E-Day o Halo: Campaign Evolved están llamados a ser piezas clave para reconectar con una base de usuarios que, en parte, parece haberse desenganchado. El comportamiento de estos juegos y su capacidad para impulsar suscripciones y ventas de hardware serán determinantes para valorar si la actual estrategia funciona.

Al final, lo que muestran los últimos informes financieros es que la marca Xbox todavía no ha llegado al punto de equilibrio en el que la caída de la venta de consolas se vea compensada por completo con el negocio de servicios y juegos multiplataforma. El ajuste entre ambas patas está siendo más complicado de lo previsto, y los próximos trimestres dirán si esa transición termina cuajando o si, por el contrario, obliga a un giro más profundo.

Con las ventas de Xbox Series S y Series X en mínimos históricos, una división de videojuegos que retrocede un 9% en ingresos y un servicio como Game Pass que ya no crece al ritmo de antes, la posición de Xbox en el mercado europeo y global atraviesa uno de sus momentos más delicados en años; ahora el reto para Microsoft es demostrar que sus grandes estudios, su músculo financiero y la futura Xbox Next son suficientes para darle la vuelta a una generación que, de momento, se le está atragantando.

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