La industria de las tarjetas gráficas vive un momento delicado en el que la memoria se ha convertido en el recurso más estratégico. En plena escasez de DRAM y GDDR7, Nvidia está reordenando su catálogo de GPU con un criterio muy claro: la prioridad ya no es sólo la potencia bruta, sino cuánto dinero deja cada gigabyte de VRAM que monta una tarjeta.
Esta dinámica, que hasta hace poco se intuÃa por rumores y filtraciones, ha sido confirmada de forma bastante directa por Eddie Lin, CEO de Gigabyte, uno de los socios más importantes de Nvidia en el mercado europeo. Lin ha explicado que la compañÃa estadounidense está aplicando un modelo casi de «hoja de cálculo» para decidir qué GPU produce, recorta o cancela, siempre con una métrica en mente: el beneficio por GB de memoria.
Un negocio de «Excel»: la rentabilidad por GB como brújula
Según Lin, Nvidia no puede limitarse a inundar el mercado con modelos de gama alta ni volcarse sólo en la gama de entrada. La clave está en optimizar cada chip de memoria disponible. En otras palabras, se calcula cuánto ingresa la compañÃa por cada gigabyte de VRAM instalado en una GPU y se prioriza la producción de aquellas tarjetas donde esa cifra es más alta.
El cálculo es sencillo pero determinante: Beneficio o ingreso por GB = Precio de venta estimado / cantidad de VRAM. Con esta fórmula sobre la mesa, los modelos de gama media con mucha memoria empiezan a perder atractivo para el fabricante, incluso si para el usuario son las opciones más equilibradas.
Tomando como referencia las cifras que maneja Gigabyte, una tarjeta de entorno 300 dólares como la RTX 5060 rondarÃa los 35 dólares por GB, mientras que una GPU de la misma serie valorada en 400 dólares, con los mismos 8 GB de memoria, subirÃa hasta unos 50 dólares por GB. En cambio, un modelo de 500 dólares con 16 GB se quedarÃa en torno a los 32 dólares por gigabyte, mucho menos atractivo a ojos de Nvidia.
Este enfoque explica por qué la compañÃa estarÃa recortando precisamente aquellas variantes que, pese a ser muy deseadas por jugadores en España y Europa, desaprovechan memoria desde el punto de vista contable. La prioridad no es tanto ofrecer la mayor cantidad de VRAM al mejor precio para el consumidor, sino colocar la memoria limitada allà donde el margen sea más jugoso.
La serie RTX 5060: 8 GB sÃ, 16 GB no

El ejemplo más claro de este cambio de rumbo está en la serie GeForce RTX 5060, el corazón de la gama media que suele concentrar la mayorÃa de ventas en el mercado de PC europeo. Sobre el papel, una RTX 5060 Ti con 16 GB de VRAM serÃa la opción ideal para jugar a 1440p durante años, pero los números internos de Nvidia cuentan otra historia.
De acuerdo con las estimaciones compartidas por Gigabyte, la RTX 5060 Ti de 16 GB se quedarÃa en torno a 26,8 dólares por GB, mientras que la versión de 8 GB se moverÃa en la zona de los 47,3 dólares por GB. Es decir, prácticamente el doble de beneficio por cada gigabyte de memoria utilizado. Desde una perspectiva puramente económica, esta diferencia hace que la RTX 5060 Ti de 8 GB sea la niña bonita de la serie.
Con este panorama, no sorprende que los informes apunten a que Nvidia estarÃa reduciendo o incluso paralizando la producción de modelos como la RTX 5060 «a secas» y la RTX 5060 Ti de 16 GB, concentrando los recursos en la variante de 8 GB. Es una decisión difÃcil de justificar ante jugadores que buscan longevidad y holgura de memoria, pero que encaja de lleno con la polÃtica del beneficio por gigabyte.
Para el usuario europeo, esto se traduce en un mercado donde las GPU de 8 GB siguen muy presentes en la gama media, mientras que alternativas con 16 GB empiezan a aparecer en menor cantidad y con precios que suben a medida que el stock baja. En la práctica, hacerse con una RTX 5060 Ti de 16 GB en algunas tiendas españolas ya empieza a ser más complicado que hace unos meses.
Además, esta selección interna encaja con la idea de mantener «la GPU más potente por cada configuración mÃnima de memoria» dentro de una misma familia. Es decir, priorizar siempre el modelo tope de gama de la serie enlazado a la menor cantidad de VRAM que siga siendo vendible para el público general.
RTX 5070, RTX 5070 Ti y el salto directo a la RTX 5080
La lógica del beneficio por GB no se queda en la gama media pura. También afecta de lleno a la franja media-alta, donde entran en juego modelos como la RTX 5070 y la RTX 5070 Ti. Estas tarjetas, asociadas tradicionalmente al jugador que busca 1440p y 4K ajustando opciones, se encuentran ahora en el punto de mira por no cuadrar del todo con las hojas de cálculo de Nvidia.
En este segmento, las cifras que se manejan para la RTX 5070 y la 5070 Ti sitúan el margen por gigabyte en torno a los 45-47 dólares. A primera vista no parece un mal negocio, pero aquà entran en juego otros costes: chips más grandes, placas base de la GPU más complejas, sistemas de alimentación (VRM) más robustos y requisitos térmicos más exigentes. Todo ello reduce el atractivo de estas tarjetas frente a alternativas de gama alta ligeramente superiores.
Por ese motivo, empiezan a cuadrar los reportes que apuntan a que Nvidia habrÃa cancelado de facto la RTX 5070 Ti y habrÃa recortado con fuerza el número de unidades producidas de la RTX 5070, mientras concentra sus recursos en la RTX 5080. Esta última, con 16 GB de VRAM, se moverÃa en una franja de unos 62,4 dólares de ingreso por GB, prácticamente a la par que la RTX 5090 de 32 GB, pero con un chip más pequeño y un diseño de placa menos costoso.
En los comercios europeos ya se empieza a notar: las RTX 5070 Ti van desapareciendo del catálogo, y quienes las encuentran se topan con precios que se alejan bastante del valor recomendado de lanzamiento. Mientras tanto, la RTX 5080 gana protagonismo como salto casi obligatorio para quien no quiere resignarse a una 5060 Ti, aunque suponga una inversión considerablemente mayor.
A esto se suma que la propia RTX 5090 se ha convertido en un producto prácticamente de nicho. Su precio real en algunas tiendas especializadas de la UE supera de largo la referencia inicial, llegando a cifras que quintuplican el PVP recomendado, lo que subraya hasta qué punto los modelos entusiastas viven en su propio ecosistema económico.
El impacto de la escasez de memoria GDDR7 y DRAM
Esta reordenación del catálogo no se puede entender sin el contexto de escasez global de memoria. Desde finales de 2025, la producción de DRAM y, en particular, de GDDR7 está tensionada por la enorme demanda de centros de datos dedicados a inteligencia artificial. Los grandes operadores de nubes públicas y empresas tecnológicas europeas y estadounidenses están acaparando buena parte de los módulos más avanzados.
La arquitectura Blackwell, base de la familia RTX 50, está diseñada para aprovechar módulos de alta densidad y altas frecuencias. Pero precisamente esos chips son los más caros y difÃciles de conseguir. Los modelos con 16 GB de GDDR7 dependen de configuraciones especialmente exigentes, lo que hace que, en un escenario de escasez, no compense usarlos en tarjetas de gama media cuando pueden destinarse a productos de mayor margen o a soluciones profesionales.
En el mercado europeo, esta presión se traduce en subidas de precio graduales y en un goteo constante de noticias sobre recortes de producción. Distribuidores de varios paÃses ya informan de que las remesas de RTX 5070 Ti y RTX 5060 Ti de 16 GB llegan con cuentagotas, mientras que las variantes de 8 GB siguen fluyendo con más normalidad.
La propia Nvidia, sin entrar a detallar cifras, habrÃa trasladado a algunos socios que la producción de tarjetas GeForce para consumo se ha reducido alrededor de un 30% en la primera mitad de 2026, con especial impacto en la gama media y media-alta. Incluso modelos de alto rendimiento como las RTX 5080 y 5090 no escapan a ciertas restricciones, aunque en su caso el margen por unidad vendida suaviza el golpe.
En paralelo, crecen las especulaciones sobre movimientos más drásticos, como reactivar lÃneas de producción de GPU anteriores (por ejemplo, la RTX 3060) o recurrir a memorias menos avanzadas como GDDR5 o GDDR6 para determinados modelos de entrada, aprovechando que ya no compiten por el mismo tipo de chips que demandan las soluciones de IA.
La serie RTX 50 SUPER se congela indefinidamente
Una de las consecuencias más visibles de esta crisis de memoria es el aplazamiento sin fecha de la serie GeForce RTX 50 SUPER. Estas tarjetas, que estaban llamadas a presentarse con mejoras de rendimiento y, sobre todo, con mayor capacidad de VRAM, han desaparecido de la agenda oficial.
Socios como Asus y Gigabyte habrÃan recibido comunicación interna señalando que los planes para lanzar estas variantes durante ferias internacionales como el CES han quedado en pausa. El motivo es el mismo que lastra al resto de la familia: las versiones SUPER exigirÃan más módulos de GDDR7 de alta densidad, justo el recurso que hoy es más escaso y valioso.
Para el consumidor europeo, esto significa que no habrá una renovación intermedia del catálogo a corto plazo. Quien estuviera esperando una RTX 5070 SUPER o una 5080 SUPER con más memoria tendrá que seguir tirando con lo que ya está en el mercado, o bien valorar alternativas de otras marcas que, eso sÃ, enfrentan problemas de suministro muy similares.
Esta congelación deja a la familia RTX 50 algo más estática de lo habitual en un mercado acostumbrado a revisiones frecuentes. Pero desde el punto de vista de Nvidia, lanzar ahora una lÃnea SUPER serÃa un mal negocio en términos de beneficio por gigabyte y una carga adicional para una cadena de suministro ya de por sà muy tensionada.
La prioridad real: centros de datos, IA y GPU profesionales
Mientras el mercado gaming ajusta expectativas, el segmento profesional vive una realidad bien distinta. Productos como la RTX Pro 6000 Blackwell, equipada con 96 GB de VRAM, muestran hasta qué punto el beneficio por GB se dispara cuando se habla de estaciones de trabajo y centros de datos.
Las estimaciones que maneja la industria sitúan a esta RTX Pro 6000 en torno a los 88,5 dólares de ingreso por cada gigabyte de memoria, casi el doble que muchas tarjetas de gama alta para juegos. Y eso sin entrar en el terreno de los chips especÃficamente diseñados para IA, donde los contratos con grandes empresas y proveedores cloud pueden llevar esos márgenes todavÃa más arriba.
Con estas cifras sobre la mesa, el movimiento de Nvidia resulta fácil de entender: la memoria más avanzada se reserva prioritariamente para el negocio profesional y de inteligencia artificial. El gaming sigue siendo importante a nivel de imagen y volumen de ventas, pero a la hora de asignar GDDR7 y HBM, los servidores y las GPU de cálculo se llevan la parte del león.
Esta estrategia se deja sentir también en Europa, donde cada vez más centros de datos y empresas tecnológicas apuestan por soluciones Nvidia para entrenamiento de modelos de IA, análisis de datos o renderizado profesional. El resultado es una especie de «competencia interna» entre unidades de negocio: cada gigabyte que va a una GeForce gaming es un gigabyte que deja de ir a un sistema profesional mucho más rentable.
De rebote, esto refuerza el papel de las GeForce de menor capacidad de memoria en el mercado doméstico. No porque sean la mejor opción técnica para el jugador que piensa a largo plazo, sino porque son, sencillamente, las que mejor encajan en la aritmética actual de Nvidia.
Consecuencias para los jugadores en España y Europa
La pregunta clave es cómo afecta todo esto al aficionado que quiere montar o actualizar su PC en España u otros paÃses europeos. A corto plazo, el escenario apunta a una oferta más limitada en la gama media con mucha VRAM y a una mayor presencia de modelos de 8 GB, especialmente dentro de la serie RTX 5060.
Los distribuidores ya advierten de que las RTX 5070 Ti y las 5060 Ti de 16 GB aparecen cada vez menos en los listados, y cuando lo hacen, los precios suelen colocarse por encima de lo que cabrÃa esperar por caracterÃsticas técnicas. Al mismo tiempo, las variantes de 8 GB —menos atractivas para el usuario que mira al futuro— se mantienen como la opción «estándar» en muchas configuraciones premontadas y recomendaciones de tiendas.
En la práctica, esto puede traducirse en una ralentización de las renovaciones de hardware durante 2026. Muchos usuarios optarán por estirar un poco más su GPU actual mediante una guÃa de optimización AMD Adrenalin o mirarán hacia modelos de segunda mano antes de dar el salto a una nueva generación que, sobre el papel, ofrece un salto de rendimiento, pero que viene acompañada de decisiones de memoria difÃciles de digerir.
La situación también abre una ventana de oportunidad para la competencia, que puede intentar ganar cuota ofreciendo tarjetas con más VRAM al mismo precio. No obstante, el resto de fabricantes también lidian con la escasez de memoria y la presión de los centros de datos, por lo que la capacidad real de diferenciarse en este aspecto está limitada.
Mientras tanto, analistas del sector prevén que la producción de GDDR7 empiece a estabilizarse de forma gradual en la segunda mitad de 2026. Si esa previsión se cumple, el mercado gaming podrÃa volver a respirar un poco más tranquilo a partir de entonces, con más margen para ver GPUs con mayor cantidad de memoria a precios algo más competitivos.
Hasta que ese equilibrio llegue, el rumbo de Nvidia está marcado por una idea muy concreta: cada gigabyte de VRAM cuenta, y debe ir allà donde deje más beneficio. Esta filosofÃa, que puede sonar frÃa desde el lado del jugador, explica por qué proliferan las tarjetas de 8 GB en la gama media, por qué se congelan familias como las RTX 50 SUPER y por qué las soluciones profesionales y de inteligencia artificial se han convertido en el verdadero centro de gravedad del negocio de la compañÃa.