¿Por qué no avanza la tecnología de nuestras baterías?

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Muchos son los accesorios y tecnología que utilizamos día a día que de una forma u otra utilizan una batería para funcionar, un tema un poco sensible ya que, mientras por ejemplo cada año vemos como compañías de teléfonos u ordenadores, por poner un ejemplo, lanzan al mercado smartphones o portátiles cada vez más potentes y rápidos, casi duplicando la velocidad de proceso de datos de la versión anterior, ofreciendo pantallas con una definición que desde hace mucho dejó de ser visible para el ojo humano… las baterías de los mismos siguen siendo la nota negativa ya que, en lugar de ofrecer cada vez más autonomía hacen todo lo contrario precisamente porque estos avances precisan de mucha más cantidad de corriente para funcionar por lo que, al final y en lugar de un portátil tenemos un sobremesa siempre conectado.

Aun recuerdo cómo con la idea de los primeros vehículos eléctricos fui uno de los que pensó en ese “ahora si“, la industria automotriz estaba interesada en ofrecer vehículos eléctricos, algo que haría que los fabricantes de baterías verdaderamente desarrollasen vehículos capaces, cuanto menos, de homologar autonomías muy parecidas a la de los coches actuales, mejoras que a fin de cuentas posteriormente llegarían a todos los elementos tecnológicos de nuestro día a día. Una vez más y aunque las mejoras van llegando poco a poco, la transición es tan lenta que llega a desesperar, vehículos que homologan una autonomía de 40 km, smartphones que pasan la noche conectados al cargador (en el mejor de los casos), smartwatches que duran con autonomía de 5 o 6 horas (ni una jornada laboral)…


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Hasta tal extremo llegamos en este sentido que aún recuerdo cómo en 2012 la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Energía (ARPA-E), fundada por el gobierno de Estados Unidos 2009, después de años de investigación, anunciaba a bombo y platillo una conferencia donde darían a conocer una nueva célula de batería capaz de duplicar la carga actual de las mismas consiguiendo que cualquier vehículo eléctrico fuese capaz, por ejemplo, de viajar de Washington a Nueva York sin necesidad de recarga. Tal fue la revolución que tan sólo un par de meses después General Motors patentó la tecnología y firmó un acuerdo para financiar su desarrollo, ganando así el derecho a poder utilizar los resultados obtenidos del invento.

Llegados a este punto, sin lugar a dudas parecía que definitivamente esta nueva tecnología iba a revolucionar nuestro día a día, nada más lejos de la realidad, cuando General Motors consiguió los planos para comenzar a fabricar comercialmente este tipo de baterías sus ingenieros fueron incapaces de reproducir los resultados cosechados por la ARPA-E, tan sólo un año después de firmar el acuerdo este se rompió, la batería conseguida había sido tan sólo fruto de la casualidad, el gran problema y quizá el muro más difícil de sortear es precisamente que cualquier elemento que se cambie o añada a una batería puede producir mejoras pero se desconoce si los imprevistos pueden ser mucho mayores a la mejora producida.

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Al menos todo el dinero invertido en el desarrollo de estas baterías tuvo un resultado que hoy día si que podemos disfrutar, se consiguieron crear baterías mucho más ligeras y de menor tamaño, un avance que finalmente vio la luz tras la incursión de empresas como Tesla Motors o Panasonic a modo de colaboradores en las investigación de ARPA-E. Esto ha sido posible, sobre todo gracias a Tesla, que en su momento, en lugar de por algo completamente nuevo, directamente apostaron por mejorar los procesos de fabricación e ingeniería. Por su parte Panasonic fue la encargada de mejorar y ajustar la química de materiales para conseguir una mayor capacidad.

Personalmente y a modo de conclusión, creo que una vez más se ha perdido demasiado tiempo y dinero en apostar por tecnologías completamente nuevas donde una batería al uso iba a dejar de ser precisamente esto. Muchas son las startups que están apostando por materiales tan exóticos y prometedores como el grafeno o los nanodots prometiendo revolucionar el mercado, algo que está muy bien ya que poco a poco parece que este tipo de materiales tiene futuro aunque, como están demostrando Tesla y Panasonic, un paso muy importante sería el de conseguir el límite en los procesos de fabricación de las actuales, es decir, no perder la cabeza por el descubrimiento de nuevos materiales cuando con los actuales, por motivos diferentes, no hemos conseguido llevarlos al límite.

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