La próxima consola de Microsoft ya tiene nombre oficioso entre filtraciones: Xbox Next. En torno a ella se ha generado un torrente de datos, informes y comentarios de insiders. Todo apunta a un salto ambicioso en chip, gráficos y servicios.
En medio de tanto ruido, hay algunas certezas y muchas piezas que encajan. Por ejemplo, la alianza con AMD y una posible estrategia de dos dispositivos, uno para el salón y otro para llevar contigo. El objetivo declarado es un avance técnico grande, con mejor rendimiento y más opciones para el jugador.
Qué es Xbox Next y qué sabemos hasta ahora
Xbox Next se perfila como una consola de gama alta. Planteada para competir directamente con la futura PS6 y para corregir errores de la generación actual. Las últimas comunicaciones desde Redmond sugieren un enfoque de plataforma y no de un único aparato aislado. Será “plenamente compatible” con la biblioteca actual de Xbox y no se atará a una sola tienda ni a un único dispositivo, reforzando así la idea de ecosistema y continuidad.
En lo puramente técnico, los documentos y fuentes coinciden en que Microsoft volverá a confiar en un SoC personalizado firmado por AMD y fabricado por TSMC, siguiendo la senda de generaciones anteriores. Se habla de CPU basada en Zen 6 y de una GPU de nueva hornada dentro del paraguas RDNA, con avances marcados en eficiencia, trazado de rayos y aceleración por inteligencia artificial.
Por calendario, la ventana más repetida sitúa su lanzamiento hacia finales de 2027, entre noviembre y diciembre. Es una fecha que encajaría con los ciclos tradicionales y que incluso podría adelantar la llegada de la competencia directa, dándole a Microsoft una ventaja temporal en el mercado.

Arquitectura y diseño del silicio
Una de las grandes novedades que se barajan para esta generación es el salto desde un diseño monolítico a un sistema multichip (MCM). En lugar de compartir la misma pastilla de silicio, CPU y GPU pasarían a encapsulados separados dentro del mismo paquete. Este cambio abre la puerta a escalar prestaciones con mayor flexibilidad, aunque eleva la complejidad de fabricación y los costes.
En CPU, las fuentes apuntan a Zen 6, con personalizaciones específicas para consola. Si finalmente se abrazara el enfoque chiplet, habría margen para integrar configuraciones completas al nivel de escritorio, con cachés y unidades FP más generosas.
También han circulado rumores sobre la posibilidad de apilar caché L3 en vertical, en la línea de las soluciones 3D de AMD. Es una vía realista y probada en PC, pero su llegada a una consola depende de equilibrio técnico y coste, ya que ese extra de silicio encarece el producto final. No hay confirmación en este punto: es una hipótesis atractiva, no una decisión cerrada.
En la parte gráfica se habla de la sucesora de RDNA 4, con referencias a RDNA 5 y también a una arquitectura identificada como UDNA en algunos documentos. Esta GPU debería traer núcleos de nueva generación para trazado de rayos y para tareas de IA. Además, habrá mejoras en shaders y rendimiento por vatio, fundamentales en una consola donde el presupuesto térmico está muy controlado.
El salto de memoria unificada a 24 GB o 32 GB aparece como otra pieza clave. Ese colchón extra permitirá manejar texturas más pesadas y mundos más grandes sin ahogos. Y un SSD más veloz agilizará flujos de datos con motores modernos, donde el streaming es continuo. Se espera una unidad muy rápida (5 GB/s o más en lectura secuencial) y una capacidad base de 1 TB, con opciones de 2 TB.
Especificaciones orientativas que se barajan
Las filtraciones más detalladas dibujan dos escenas: la de PS6 con un chiplet relativamente contenido y la de Xbox Next con un MCM mayor y más ambicioso. Con esa base, la configuración para la consola de Microsoft quedaría aproximadamente así, a falta de datos finales: un SoC AMD de 3 nm, CPU Zen 6 personalizada y una iGPU RDNA de nueva generación con varias decenas de CUs.
- SoC AMD personalizado fabricado por TSMC en 3 nm.
- CPU Zen 6 con 8 núcleos a 4 GHz o más, o una combinación asimétrica que mezcle núcleos Zen 6 y Zen 6c (se ha mencionado un total de 11 núcleos en algunas hojas, con tres Zen 6 de alto rendimiento y ocho Zen 6c a menor frecuencia).
- GPU RDNA de próxima generación (referenciada como RDNA 5 o UDNA) con entre 64 y 68 CUs en ciertos informes, a más de 3 GHz.
- 24 GB o 32 GB de memoria GDDR7 unificada, con bus de 192 bits y chips a 32 Gbps.
- SSD de alto rendimiento con al menos 1 TB de capacidad (posible opción de 2 TB) y 5 GB/s o más en lectura secuencial.
- Unidad óptica opcional para recortar precio y tamaño en algunos modelos.
- Sistema operativo basado en Windows optimizado para un bajo consumo de recursos.
- TBP estimado entre 180 y 200 vatios, según fuentes.
Para PS6, las hojas paralelas hablan de 40 a 48 CUs a más de 3 GHz, 24/32 GB GDDR7 y un TBP de unos 160 W, con un chiplet más pequeño y presumiblemente más barato de producir. Es decir, Microsoft iría a por un diseño más grande y potente, pero a costa de un coste de fabricación más alto.

Tecnologías clave: trazado de rayos e IA aplicada al juego
Más allá de la fuerza bruta, el cambio de generación se medirá en funcionalidades reales. La aceleración de ray tracing debería dar un salto importante gracias a nuevos bloques dedicados y a un recorrido mayor de toda la arquitectura para esta carga. La promesa es ver RT de forma más habitual y con más efectos simultáneos, sin caer en modos testimoniales.
En paralelo, el hardware de IA de la GPU habilitaría técnicas de reescalado y generación de fotogramas de nueva hornada, inspiradas en lo que hoy conocemos como FSR 4 y futuras iteraciones. El nombre puede cambiar, pero la idea se mantiene: renderizar de forma más eficiente a resoluciones internas menores y reconstruir con calidad. Es la vía razonable para alcanzar objetivos de 4K con altas tasas de refresco en títulos complejos.
Conviene, no obstante, poner los pies en el suelo: la generación actual ya demostró que promesas como el 4K a 120 FPS “para todo” no eran realistas. Con Xbox Next sí veremos más 4K con reescalado y 60 FPS sólidos en juegos exigentes, pero habrá títulos de próxima hornada que seguirán tensionando el hardware.
En ray tracing, algunos rumores se han ido a la estratosfera, comparando consolas con GPUs tope de gama de PC que cuestan más de cuatro cifras. Lo prudente apunta a una mejora de entre 3 y 5 veces sobre las máquinas actuales en RT. Suficiente para activar iluminación global, sombras y reflejos en simultáneo en ciertos juegos. Es un salto grande, pero no magia: el presupuesto de potencia y de coste sigue mandando.
Rendimiento esperado y equivalencias aproximadas
Hacer equivalencias directas entre consolas y tarjetas de PC siempre es delicado. Aun así, los números ayudan a situarse. Algunas estimaciones colocan la GPU de Xbox Next en la órbita de rendimiento de una hipotética GeForce RTX 5070 en el año de su salida,. Otras comparativas en TFLOPs simples la sitúan por debajo de ese modelo, con unos 26 TFLOPs FP32 frente a unos 30,8 TFLOPs de dicha tarjeta.
Para PS6, los cálculos de potencia bruta la acercan a una Radeon RX 7800 XT en TFLOPs. Otras voces la equiparan a una RX 9070 XT, un nivel similar a una RTX 4070 Super en rasterización. Lo importante: los TFLOPs no cuentan toda la historia, ya que la arquitectura, el ancho de banda, las cachés y la optimización del juego influyen de forma decisiva.
Con ese contexto, es razonable esperar 4K con reconstrucción a 60 FPS en gran parte de los títulos de nueva generación, y 4K nativo en juegos menos exigentes o con presupuestos gráficos más ajustados. Los 120 FPS estarán al alcance en determinados modos de rendimiento, con recortes de resolución o calidad, como ya ocurre en la actualidad pero con una base más capaz.
Respecto a Unreal Engine 5, Xbox Next debería manejarlo mejor que las consolas actuales gracias al músculo extra en GPU, ancho de banda y CPU. Si en el ciclo aparece un Unreal Engine 6 con requisitos todavía mayores, se repetirá el reto habitual de perseguir un objetivo móvil. El equilibrio entre calidad visual y estabilidad de frames seguirá marcando la pauta generación tras generación.
Compatibilidad, Windows y el peso del ecosistema
Una de las mejores noticias para los usuarios de Xbox es la confirmación de la retrocompatibilidad con la biblioteca existente. Poder conservar compras y progreso reduce fricciones y añade valor tangible a cada nuevo hardware, y el soporte de accesorios como el mando de Xbox One. El sistema operativo, basado en Windows pero optimizado para consola, será clave para amarrar compatibilidad y rendimiento.
La promesa de “no estar ligado a una sola tienda o dispositivo” encaja con el impulso dado a Windows en dispositivos portátiles de socios, y con la idea de cruzar el puente entre consola y PC sin tantas barreras. En paralelo, la propuesta de suscripción seguirá empujando: Game Pass es escaparate y pegamento, y Microsoft no va a soltar ese timón.
La comunicación corporativa reciente, además, ha puesto el foco en que hay “miles de juegos listos para jugar” en el ecosistema, y que el objetivo es que el usuario descubra su próximo título favorito sin esperar. Es marketing, sí, pero detrás hay una intención clara de continuidad y de reducir el coste de oportunidad al cambiar de generación.
Comparativa con PS6: potencia, coste y paridad en juegos
Sumando filtraciones, Xbox Next montaría una GPU con más CUs y una CPU con más núcleos (combinando Zen 6 y Zen 6c), mientras que PS6 iría a un SoC multichip más pequeño y barato. Sobre el papel, eso daría una ventaja de potencia a Microsoft, cifrada por algunos en cerca de 8 TFLOPs adicionales en precisión simple. Pero que el papel lo aguante todo no garantiza más FPS o mejores gráficos en los títulos multiplataforma.
La generación actual lo demostró: Series X ofrecía más shaders que PS5 y, aun así, la mayoría de versiones terminaban en una paridad práctica por cómo se prioriza el desarrollo multiplataforma. En exclusiva, la potencia extra sí puede lucir, pero la clave está en la voluntad (y el tiempo) de los estudios para exprimir el hardware. El historial reciente invita a la prudencia: hay demasiados juegos que llegan al límite del hardware por falta de optimización.
Mirando el cuadro completo, Xbox Next apunta a ser la consola doméstica más ambiciosa de Microsoft hasta la fecha: un diseño MCM potente, memoria GDDR7 abundante, SSD rápido, RT e IA de nueva hornada y un ecosistema que quiere ser más abierto y persistente. Si la portátil Keenan llega en tiempo y forma, el binomio salón–movilidad puede cerrar el círculo y dar a la marca un relato más coherente frente a su rival.