Battlefield Hardline, opinión sobre la beta

En el momento de su anuncio, pensé de Battlefield Hardline que era un movimiento acertado y que jugaría en favor de revitalizar la franquicia de Electronic Arts y, en consonancia, el panorama actual de los FPS multijugador. Ahora, después de haber probado el juego en sus dos fases públicas, tengo una opinión ambivalente.

La queja más acusada después de ese primer período de prueba que tuvo lugar el pasado verano no era otra que parecerse demasiado a Battlefield 4, transmitir la sensación de ser una simple expansión, un skin del multijugador de DICE. Que, además, en medio de dicha crisis de identidad hubiera ciertos problemas de balanceo y equilibrio hizo que, en una acertado movimiento, Electronic Arts y Visceral Games retrasaran casi medio año el lanzamiento del juego.

Es curioso que ahora, a falta de un mes para su llegada a las tiendas y con un margen de maniobra mínimo, lo que se eche de menos sea un mayor parecido a Battlefield en ciertos aspectos y pequeños detalles. Dejando a un lado un apartado técnico un paso y medio por detrás de lo visto en Battlefield 4, no hacen falta más de un par de partidas para constatar que el nivel de destrucción en los escenarios está muy por detrás de lo esperado en una entrega de la franquicia y se queda en cristales resquebrajándose o vallas partiéndose en la mayoría de casos perdiendo espectacularidad, realismo y variedad jugable por el camino.

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Lo que es inadmisible a un mes vista del lanzamiento es encontrarse con una conducción francamente mejorable. Llama negativamente la atención que las sensaciones al conducir o las físicas de los vehículos sean peores que lo que se vió en la primera prueba pública y estén por detrás de lo visto en Battlefield 4, sin ir más lejos. Estamos hablando de un FPS y la conducción no es una parte nuclear del género con lo que no debería ser algo excesivamente alarmante hasta que uno cae en la cuenta de que Puente, uno de los modos de juego de Hardline, tiene a los vehículos como santo y seña. ¿Lo peor? Que es difícil que un elemento tan profundo sea mejorado de cara a su puesta a la venta.

El último punto a mejorar es, sin duda, el más fácil de corregir y uno un tanto corriente, y en parte lógico, en un juego de corte competitivo: el balance del armamento. Son muchas las armas sobrepotenciadas y que desequilibran excesivamente los enfrentamientos las que Visceral Games tiene que corregir y balancear de cara al lanzamiento. Esperemos que este estreno en el terreno de los multijugadores de corte competitivo venga acompañado de celeridad y rigor en las labores de mantenimiento y equilibrado.

Hablaba de ambivalencia y esto es así porque Battlefield Hardline hace ciertas cosas bien y toma algunas decisiones con bastante tino. Obviamente,el cambio de ambientación es un punto clave: después de tantos años con conflictos bélicos como protagonistas de los principales FPS competitivos, agradezco el movernos a un plano más “de andar por casa” como son los enfrentamientos entre delincuentes y policias.

En consecuencia nos encontramos un planteamiento jugable suficientemente diferenciado de la experiencia Battlefield que todos conocemos: el movimiento es algo más ágil y rápido y uno tiene la sensación de que mata y muere antes. Podríamos hablar, en términos de gunplay y control, de un punto medio entre los Battlefield recientes y la franquicia Call of Duty. Además, ciertos cambios en el planteamiento jugable potencian esa diferenciación, optando, por ejemplo, por un catálogo de armas más ligado a un enfrentamiento de policias contra ladrones (quizá se antoje algo escaso), dejando a un lado tanques y cazas, haciendo que el armamento pesado aparezca en puntos determinados del mapa en momentos concretos o retocando y adaptando las clases seleccionables.

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Este cambio de aires incide directamente también en los modos de juego. Los dos completamente nuevos (el tercero es el clásico Coqnuista) que se pueden probar en esta beta funcionan bastante bien pese a que, sobre todo en Atraco, es más que recomendable jugar con conocidos ya que la coordinación y cooperación son claves debido, entre otras cosas, a un planteamiento algo confuso. Si echamos un ojo a la lista de modos confirmados, parece que se ha puesto bastante empeño en ofrecer experiencias nuevas y parece lógico confiar en que encontraremos sensaciones diferenciadas con respecto a entregas anteriores de la franquicia.

De la mano de este cambio de ambientación llegan también los nuevos mapas. Cambiamos las bases militares, las presas y las zonas industriales por bancos, las afueras de un pueblo o el centro de Los Ángeles. Cuestión de preferencias personales, claro. Lo visto me convence y, de nuevo, confío en que la lista de mapas final ofrezca una experiencia rica y variada.

Es muy probable que la etiqueta Battlefield le pese mucho a lo nuevo de Visceral Games y uno no se puede quitar la sensación de que el juego está algo constreñido con tal de respetar las bases de la marca. No me extrañaría que los aficionados acérrimos de la saga y los más puristas renieguen de algo que, efectivamente, poco tiene que ver con lo visto hasta el momento. A su vez, tampoco sería ninguna sorpresa que el público ajeno a la franquicia dude a la hora de acercarse a esta entrega que comparte nombre.

Battlefield Hardline todavía tiene mucho que demostrar pero el trabajo de Visceral Games parece un primer paso bastante acertado al que estos meses extra le han servido para ganar en identidad y diferenciación. Para bien y para mal.

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